El tedio de la vida moderna: remar hasta los 80 en un trabajo de mierda
La vida moderna es un aburrimiento. Esa es la conclusión que se extrae de un debate que, lejos de ser una queja puntual, retrata un malestar más profundo: la sensación de que el ser humano no está hecho para el mundo que le ha tocado vivir. «El ser humano no está hecho para el mundo moderno, salvo que seas un intelectual que puede vivir filosofando o explorando la física o las matemáticas. El resto estamos hechos para ser cazadores/recolectores y morir un día en una guerra contra la otra tribu. Eso de remar hasta los 80 años en un trabajo de mierda es una tortura», sentencia un participante. La frase condensa el eje de una conversación que deriva hacia la política, la geopolítica y la condición humana.
La vida como simulación con mal argumento
La idea de que la vida es una simulación mal escrita aparece pronto. «Si la vida es una simulación, los gráficos se llevan un 10, pero el argumento es una puta mierda», resume un mensaje. La ocurrencia, medio en broma, conecta con una queja recurrente: la falta de sentido, la repetición, la ausencia de aventura. «Los que seáis jóvenes vivid aventuras Hamijos, no os dejéis atrapar en La Carrera de La Rata», aconseja el autor del mensaje inicial, un cuarentón que confiesa que lo más emocionante de su semana es esquivar a una compañera de trabajo. La paradoja es que, aun reconociendo el tedio, muchos no ven salida: «El que no tiene aventuras es porque no las quiere», responde otro, aunque luego matiza: «Ah nusé, yo tampoco las vivo, pero no me quejo. Me resigno».
La guerra como fantasía recurrente
El deseo de una guerra recorre varios mensajes. «Los hombres estamos preparados para la guerra, para el fragor de la batalla... yo quiero vivir aventuras como El Capitán Alatriste... cuarenta y cinco tacos que voy a cumplir y aún no me he estrenado en El Frente», escribe el autor inicial. La nostalgia bélica se mezcla con la geopolítica: «al menos los rusos tienen guerras cada cierto tiempo, los envidio». La respuesta no se hace esperar: «Espero que cuando comiencen los reclutamientos para la próxima guerra inventada /provocada artificialmente no te escondas». La discusión deriva hacia Ucrania y Zelenski, con acusaciones de corrupción y un rechazo explícito a «ir a morir por un inepto, corrupto y c.ocainómano». La guerra, aquí, no es una solución sino una huida imaginaria.
El aburrimiento como problema de clase
No todos comparten el diagnóstico. «Si la vida te parece aburrida, ya verás la muerte», responde un mensaje. Otro apunta: «Hay muchos modos de vivir aventuras. Puedes invertir tu tiempo libre en formarte en algo, aprender algo nuevo, montar tu propio negociete online... Aburrirse es el camino fácil. Llena tu vida de cosas que hacer». La división es clara entre quienes ven el tedio como una elección y quienes lo consideran estructural. «El plan Calopez es el sueño de cualquiera con dos dedos de frente: generar una renta que te cubra los gastos mínimos y largarte del sistema», interviene un participante, que sin embargo avisa: «Fácil decirlo, jodido hacerlo cuando llevas media vida trabajando con las manos heladas en una fábrica de pescado».
La vida contemplativa y sus límites
La aspiración a una vida contemplativa aparece en varios mensajes. «Yo podría vivir 20 siglos en vida contemplativa, filosofeando, vinculando mi vida solo a la sabiduría y pensamiento. No hacer nada y dormir es uno de mis mayores placeres», escribe un participante. La réplica llega con escepticismo: «Lo de vivir 20 siglos filosofeando lo veo muy bonito sobre el papel. Pero luego resulta que la vida contemplativa de verdad cansa más que estar ocho horas metiendo cajas en una cámara frigorífica». El intercambio deja una pregunta abierta: ¿es el aburrimiento un lujo o una condena?
El debate no se cierra. Unos culpan al sistema, otros a la falta de iniciativa. Mientras, la vida sigue siendo, para muchos, una simulación con mal guion. ¿Hay alguna salida que no pase por la guerra, la resignación o el ignore?