Dos meses en silencio: la incógnita de un provocador digital
¿Qué ocurre cuando uno de los personajes más ruidosos de la red se queda mudo? Lleva dos meses sin dar señales. Un bloqueo por parte de un antiguo contertulio fue el último contacto, y desde entonces, ni un mensaje ni una provocación. Los que le seguían encienden las alarmas: sus problemas con la UNED, un tren de vida de alta tensión y una transformación personal que muchos interpretaron como una crisis de los cuarenta. Algunos, en privado, admiten que temen por su salud.
Hay, no obstante, quien lo toma con humor negro. Un sector con no poca sorna recuerda que la edad real del personaje superaría ya la cincuentena, y que lo de la crisis de los cuarenta llega con retraso. Circula incluso una noticia de un periódico local sobre una presunta ingesta de una oreja en una pelea, que los más cínicos aprovechan como epitafio temporal. Bajo la chanza emerge la pregunta incómoda: ¿alguien ha verificado que el individuo está bien? La única respuesta es el silencio de su perfil.
Mientras los unos especulan con una retirada voluntaria, los otros temen que la vida, esa que él mismo solía provocar, le haya ganado la partida. La red es implacable: cuando un personaje así desaparece, la ausencia de su cuenta habla más alto que todos sus insultos. Y nadie sabe, por ahora, si es un adiós o un hasta luego.