El aceite cae a 3,6 euros en origen mientras el súper va por 6,50
La cosecha de aceite de oliva se ha recuperado y el precio va a acompañar esa recuperación mucho menos de lo que cabría esperar. Las estimaciones del Ministerio de Agricultura apuntan a más de
1,26 millones de toneladas en la campaña 2024-2025, un
48% más que la anterior y un 4% por encima de la media de las siete últimas. La letra pequeña: ese aceite todavía no está en las cocinas, y el litro en origen ya se ha hundido hasta los
3,6 euros el kilo mientras el virgen extra sigue en el supermercado por encima de los 6,50 euros. Ahí empieza el pulso.
Cosecha récord, reservas escasas y meses por delante
El cambio de tendencia tiene una explicación meteorológica. Las lluvias de primavera no solo recuperaron los niveles de los embalses: devolvieron el riego a buena parte del olivar. Pero entre la recolección de la primera aceituna y la botella en la estantería pasan meses, y hasta entonces el mercado vive de los remanentes del año anterior.
Y esos remanentes son flacos. Quedan cerca de
186.000 toneladas de aceite de la temporada pasada, cuando el promedio de campañas anteriores rondaba las
400.000. Ese desfase entre lo que se avecina y lo que hay es lo que mantiene la tensión de precios en el tramo final de la campaña.
El precio en origen se hunde, la estantería se resiste
En origen, el kilo de AOVE ha bajado hasta rondar los
3,6 euros, con el virgen extra en torno a los 4 euros el kilo. Como un kilo son menos litros, el precio del litro en origen se coloca por debajo de esos 4 euros. En la otra punta de la cadena, el AOVE de marca blanca ya se ha visto por debajo de los
7 euros en grandes cadenas y el litro ha ido cayendo por escalones: de 9 a 8, de 8 a 7, de 7 a 6,50.
El contexto internacional no ayuda a sostener la teoría de la escasez eterna. En China la garrafa de cinco litros de aceite de oliva se despacha a
12,7 euros, es decir, 2,54 euros el litro, con el de girasol a 0,70. El país asiático lleva décadas plantando olivos, con una media de
14.000 hectáreas nuevas al año. En plataformas de venta online, las garrafas de AOVE de cinco litros se han llegado a ver a 7 euros el litro.
¿Por qué se almacena el aceite en vez de venderlo?
Ahí está el nudo de la discusión. Una parte del mercado sostiene que el aceite se puede guardar y que guardarlo es, precisamente, lo que impide que el desplome del precio en origen se traslade entero al consumidor. España recibe
más de 28 millones de euros en ayudas al almacenamiento privado de aceite de oliva, un instrumento pensado para retirar producto del mercado en momentos de exceso.
En paralelo, la patronal del sector ha hecho un llamamiento público a las cooperativas para que tengan
calma a la hora de vender, con el argumento de que el stock es muy justo como para precipitarse. Traducido: si nadie suelta producto, el precio aguanta. El efecto llamada funciona igual de bien en la dirección contraria, y hay quien ya avisa de que si el consumidor espera, gana.
Vender menos y facturar más: las cuentas de la campaña
El dato que más incomoda es el de los volúmenes. El operador dominante del sector, DCoop, ha reconocido que vendió un
20% menos y facturó un
57% más. La empresa pasó de facturar alrededor de
700 millones anuales a 1.100 millones con la subida de precios, y su previsión es superar los
1.200 millones. Con esos números, la caída de ventas deja de ser un problema y pasa a ser un modelo.
La pregunta que sobrevuela es quién gana dinero en toda la cadena. La otra pata del oligopolio, Deoleo, está controlada por fondos y, según los cálculos que circulan, tampoco gana gran cosa con el aceite a 12 euros. Si el productor factura más, el intermediario no ve el beneficio y el consumidor paga el triple, la respuesta no está en la cuenta de resultados de nadie.
El consumidor que ya se ha ido al girasol
Mientras el sector discute, la demanda ha cambiado de forma silenciosa. El aceite de girasol y el alto oleico han ganado terreno en la freidora, y las freidoras de aire se han popularizado hasta el punto de retirar litros de consumo que no vuelven. En hostelería, el aceite de calidad se reserva para la ensalada y el grueso de la fritura va con orujo o con mezclas más baratas.
Ese trasvase de hábitos es la parte que más cuesta revertir. Un consumidor que se ha acostumbrado a freír con girasol no vuelve por una rebaja de un euro. Puede que ni vuelva con dos. La cuota perdida durante el pico de precios se ha convertido en cuota perdida sin más, y eso explica por qué el sector habla de exceso de oferta con el mismo entusiasmo con el que antes hablaba de sequía.
Lo que puede pasar con el precio del aceite
La lógica del mercado dice que con más producción y menos demanda el precio tiene que ceder, y los datos de origen ya lo están haciendo. La duda es el ritmo. Los costes de producción y transporte han subido con la inflación, los incentivos de los intermediarios a mover ficha no están claros y el calendario juega en contra: hasta que la nueva cosecha no esté envasada, el mercado seguirá vendiendo lo viejo a precio de escasez.
Cabe esperar que el litro termine bajando otro escalón en los próximos meses, aunque probablemente no hasta los niveles de hace tres años. Y hay una incógnita que ningún informe resuelve: si el precio vuelve a 4 euros, ¿volverá el comprador que se fue al girasol?