El BCE sostiene que los tenedores antiguos de Bitcoin se benefician a expensas de los nuevos
El 12 de octubre de 2024, el Banco Central Europeo publicó un documento en el que sostiene que los tenedores antiguos de Bitcoin obtienen beneficios a expensas de los nuevos compradores y que, para evitar esa supuesta explotación, la moneda descentralizada debería someterse a controles estrictos de precio o incluso prohibirse. El argumento, según el propio texto, es que quien compró antes y vende caro a quien llega después está explotando al recién llegado. La reacción no se hizo esperar: en foros especializados se recordó que eso es exactamente lo que hace cualquier mercado financiero, desde la vivienda hasta las acciones tecnológicas.
Qué dice exactamente el documento del BCE
El documento afirma que los primeros tenedores se benefician de los nuevos y que esa distribución injusta de la riqueza podría derivar en conflicto civil. De ahí la conclusión: regular el precio de Bitcoin para impedir que suba, o directamente prohibirlo. Los autores añaden que Bitcoin rara vez se usa como método de pago y citan un informe anterior que lo vinculaba al crimen organizado. Sin embargo, un informe del Departamento del Tesoro de Estados Unidos de mayo de 2024 señala que el dinero fiat sigue siendo el rey indiscutible de las transacciones ilícitas.
La respuesta del mercado: «así funcionan todos los mercados»
La crítica más repetida es la doble vara de medir. Quien compró un piso por un millón de pesetas y lo vende por 300.000 euros no recibe el mismo tratamiento. Tampoco quien se beneficia de un sistema de pensiones en el que tres o cuatro jóvenes con 1.200 euros de sueldo sostienen a un jubilado. El paralelismo con la vivienda, el oro o las acciones aparece una y otra vez: el que compró barato y vende caro no es un estafador, es un inversor que asumió un riesgo.
¿Es Bitcoin una burbuja o una reserva de valor?
La discusión deriva hacia la naturaleza del activo. Una parte sostiene que se trata de una burbuja de manual, comparable a la tulipomanía del siglo XVII, y que su valor es puramente especulativo. La otra recuerda que la burbuja de los tulipanes tardó casi dos décadas en estallar y que Bitcoin lleva más de una década sin irse a cero. El dato que descoloca a los críticos: cuando Bitcoin marca nuevos máximos, el 100% de los que están largos está en positivo. Una estafa piramidal, ironizan, bastante rara.
El giro institucional: de la prohibición a la reserva estratégica
Mientras el BCE habla de prohibir, en Estados Unidos la conversación es otra. Se menciona una Reserva Estratégica de Bitcoin impulsada desde el ámbito político y la compra masiva por parte de fondos y grandes empresas. La tesis que circula es que los políticos y los fondos llegaron tarde a la fiesta y ahora optan por cambiar las reglas. Otros creen lo contrario: que la adopción institucional acaba de empezar y que el precio actual está barato para esos actores. En Europa, se argumenta, la tecnofobia y la sobrerregulación van varios años por detrás.
Impuestos, confiscación y el euro digital
La preocupación práctica es fiscal. Se teme que la regulación derive en impuestos abusivos sobre los beneficios o en una confiscación directa. La respuesta de una parte es que se pueden poner impuestos y uno puede no pagarlos, lo cual es fácil de decir y difícil de sostener. La alternativa que se menciona desde Bruselas es el euro digital, un instrumento que, según los críticos, solo será adoptado por quienes cobren prestaciones públicas. El debate sigue abierto y sin resolución clara.
El punto exacto donde el análisis se atasca: si el BCE tiene razón y los holders son explotadores, entonces cualquier plusvalía en cualquier mercado es explotación. Nadie ha explicado todavía por qué Bitcoin sería la excepción.