Ceuta: migración, gas y un pulso geopolítico en el Estrecho
La crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a poner contra las cuerdas la frontera española. La entrada masiva de personas migrantes ha dejado varios fallecidos a su paso, pero el episodio no se explica solo por la presión humana: el foco apunta a Mohamed VI y a una “guerra híbrida” que mezcla energía, soberanía y alianzas internacionales.
Gas argelino y el giro de Marruecos
La secuencia que dibujan las distintas lecturas coincide en un punto: el desplazamiento de Pedro Sánchez a Argelia, país enfrentado con Marruecos, sentó un precedente. Argelia suministraba gas a España a través del territorio marroquí, y Marruecos se cobraba una pequeña parte por el tránsito. Con la nueva ruta directa, ese peaje desaparece. El supuesto castigo no se hizo esperar: la apertura de fronteras como chantaje migratorio, con la coartada de unas declaraciones atribuidas a Donald Trump sobre que Ceuta debería ser marroquí.
El Estrecho y el tablero de las grandes potencias
Hay, además, una lectura geoestratégica: el control del Estrecho. En un futuro de redefinición de alianzas de EE.UU. frente a China, dejar que Marruecos se hiciera con Ceuta pondría la soberanía del estrecho bajo control de dos países en lugar de uno. Ese argumento da a la crisis actual una dimensión que va más allá de la tragedia humanitaria.
La gestión, bajo sospecha
Frente al relato que todo lo achaca al rey alauí, surge una corriente incómoda: preguntar cómo se ha gestionado la crisis, gobierne quien gobierne. La retórica de la unión puede ser, dice esta lectura, una cortina de humo para no depurar responsabilidades.
Queda la pregunta de fondo, sin respuesta: si era previsible, ¿por qué nadie la evitó? La frontera de Ceuta vuelve a ser un aviso, y el aviso no es gratis.