Una menorá en el despacho del presidente de Ceuta
¿Qué hace una menorá —el candelabro judío— en el despacho oficial del presidente de Ceuta? La imagen del objeto en el despacho del máximo responsable de la ciudad autónoma abrió una discusión que excede con mucho la decoración de una oficina. Ceuta, con unos 85.000 habitantes, es una de las plazas donde las etiquetas identitarias se cruzan con más crudeza.
Qué es la menorá y por qué genera polémica
Una menorá es un candelabro ritual judío, uno de los símbolos más reconocibles de la tradición hebrea. Su presencia en un despacho institucional admite al menos dos lecturas opuestas. Una: hay quien sostiene que se trata de un obsequio protocolar de la comunidad israelita local. Otra: se trata de una elección simbólica deliberada, con carga política, en una ciudad donde cada gesto identitario pesa.
Quien defiende la primera lectura subraya que el objeto está a la vista, expuesto como cualquier otro presente institucional, y que eso desactiva cualquier sospecha. Quien sostiene la segunda se pregunta por qué el mismo rasero no se aplica a otros símbolos.
Ceuta, la ciudad de las cuatro culturas
Ceuta se presenta habitualmente como la ciudad de las cuatro culturas: cristiana, musulmana, judía e hindú. La comunidad judía tiene presencia histórica en la zona, y la hindú, de perfil marcadamente comercial, se asentó sobre todo a partir de los años 50 y 60 con bazares y pequeños negocios. Ese carácter mixto es precisamente lo que da sentido al gesto: en un territorio con esa composición, un regalo de una confesión concreta no es un cuerpo extraño, sino la lógica de la cortesía institucional.
El resto del despacho: vírgenes, cruces y un retrato de Juan Carlos I
Según un participante, ese mismo despacho alberga varias figuras de la Virgen María, entre ellas la Virgen de África, patrona de Ceuta, una cruz, un soldado con casco de morrión y un retrato de gran formato de Juan Carlos I. La menorá no flota sola en una sala vacía: forma parte de un conjunto de objetos heterogéneo, casi de gabinete de curiosidades, que apunta a un político acumulando presentes de todas las confesiones.
Las cifras que sobrevuelan el asunto
Detrás del símbolo asoma el dinero. En el debate circula un cálculo según el cual el gasto destinado a menores migrantes en la ciudad rondaría los 100 millones de euros, sobre una población de 85.000 personas. Es una cifra que aparece atribuida y sin desglose público verificado, pero que explica por qué un candelabro acaba convertido en munición política: el gesto importa menos que lo que se le cuelga encima.
La pregunta de fondo
La discusión real no es si el objeto es bonito, sino si un cargo público puede decorar su despacho con símbolos religiosos sin que ello signifique nada. Y la respuesta honesta, con estos datos, es que no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que en el mismo despacho conviven una menorá, una virgen y un retrato del rey emérito. Si eso es pluralidad o simple acumulación de regalos, que decida el votante.