Ceuta sin ayuda humanitaria: el contrafactual que nadie ha medido
¿Qué habría pasado en Ceuta si las organizaciones humanitarias no hubieran repartido agua, comida y techo? El interrogante se plantea como ejercicio contrafactual: en los primeros días, sin reparto de ayuda y con los comercios cerrados, buena parte de las personas llegadas habría dado media vuelta, según una corriente de análisis. La hipótesis no tiene medición oficial. Y ahí empieza el problema del debate sobre la inmigración irregular y el papel de las ONG.
¿Es la ayuda humanitaria un factor de atracción para la migración irregular?
No hay respuesta cerrada porque no existe un registro de retornos que la sostenga. Quienes defienden la tesis del efecto llamada argumentan que la perspectiva de techo, comida y agua abarata el intento y, por tanto, incentiva la llegada; sin ese colchón, sostienen, la mayoría se marcharía en cuestión de días. Un cálculo difundido asegura que el 90% se iría solo con retirar la ayuda.
La objeción es doble y bastante incómoda para esa tesis. Primero, la ayuda humanitaria se despliega después de la llegada: actúa sobre la supervivencia, no sobre la decisión previa de cruzar. Segundo, atribuir al reparto de víveres el tirón migratorio exige demostrar que quien llega lo hace por el agua y no por la frontera. Ninguna serie lo respalda.
El coste del dispositivo de acogida y el supuesto negocio de las ONG
Aquí el debate se vuelve económico. Se sostiene que existe un negocio montado alrededor de la acogida, con entidades que captan fondos públicos y un flujo que se retroalimenta. Es una acusación recurrente y, en lo que se discute, sin una sola cifra: ni contratos, ni balances, ni adjudicaciones concretas.
Lo comprobable es más prosaico. Los dispositivos de primera acogida cuestan dinero —personal, suministros, instalaciones— que sale de presupuesto público y se asigna por concurso. Convertir ese gasto en negocio privado es un salto que el relato no documenta.
Donde el análisis se atasca
El contrafactual no es un experimento repetible. Nadie ha medido cuántas de las personas que llegaron habrían dado media vuelta sin un vaso de agua, ni cuántas se habrían quedado igual. La pregunta quedó lanzada, con los camiones de ayuda como punto de inflexión, y sin una sola serie de datos que la cierre. Es lo que tienen los escenarios que no se pueden ensayar.