De la evacuación del norte de Gaza al túnel de Al-Shifa: un mes de guerra
Un millón de personas con menos de 24 horas para abandonar su casa. Esa fue la orden que Israel dio a la población del norte de
Gaza antes de que arrancara la invasión terrestre, y el punto de partida de un mes que ha encadenado evacuación, bombardeos, asalto hospitalario y tregua. La guerra abierta tras el ataque del 7 de octubre de 2023 sigue sin final, y el nudo que nadie termina de cerrar es siempre el mismo: qué había debajo del hospital Al-Shifa.
¿Qué está pasando en la guerra de Israel y Gaza?
Israel avisó a los residentes del norte de la Franja —cerca de
un millón de personas— de que se marcharan en menos de un día. Casi nadie lo leyó como una advertencia humanitaria y casi todos como el aviso previo a la entrada por tierra. En parte lo fue: primero llegaron incursiones nocturnas de mayor envergadura, después avances más continuados, con la carretera costera de Al-Rashid como eje de una pinza que se fue estrechando.
La secuencia de operaciones que se difunde desde el lado israelí es apabullante:
más de 250 ataques aéreos en 24 horas, bombardeos de precisión, brigadas blindadas operando en Jan Yunis, comandos navales, apoyo aéreo a la Brigada Nahal, ataques contra posiciones de Hezbolá en el sur del Líbano. El lenguaje es de manual militar y el material gráfico no escatima —columnas de blindados, bengalas sobre el norte de Gaza, intercepciones de cohetes sobre Tel Aviv—, hasta el punto de que cuesta distinguir la información del vídeo promocional.
Al-Shifa: el túnel que debía justificar el asalto
La ofensiva sobre el mayor hospital de Gaza se vendió como el hallazgo que lo explicaba todo. Israel sostiene que bajo el complejo hay un centro de mando y que allí se encontró un túnel, además de un vehículo con trampas explosivas y armamento —rifles AK-47, lanzacohetes RPG, granadas y material de francotirador—. La entrada del túnel se mostró en vídeo.
La otra versión no niega el hallazgo, discute su alcance: un túnel no convierte un hospital en cuartel. En medio de ese pulso, la emisión de una televisión árabe habría expuesto por error a operativos armados dentro de un hospital del norte de Gaza, según lo que circula. La precisión de los detalles es, un mes después, moneda de cambio.
La ayuda humanitaria que no se acaba en cohetes
La paradoja que más se repite tiene que ver con el dinero. Gaza lleva años recibiendo miles de millones en ayuda internacional y, sin embargo, el suministro que nunca se agota es el de cohetes. El argumento tiene una respuesta fácil y una incómoda: quien lo lanza desde el lado israelí lo usa para justificar la ofensiva; quien lo escucha del otro lado recuerda que una parte de la población no eligió a quien dispara desde su barrio.
El detalle se cuela en la propaganda con una literalidad casi caricaturesca: lanzacohetes enterrados y alimentados con electricidad que se filtraba desde una mezquita a tres metros, o cohetes hallados dentro de la cama de una niña. Cada bando elige el objeto que le conviene.
La tregua, los rehenes y el punto donde se paró todo
La tregua trajo lo que los bombardeos no habían logrado: movimiento de personas. Salida de rehenes, entrada de rehenes en territorio israelí, entrada de ayuda humanitaria y un discurso del portavoz militar Daniel Hagari que se difundió como parte del propio espectáculo. Una de las liberadas, Uri Magidish, resumió su cautiverio en una frase que circula:
«veintitrés días que parecieron años».
El intercambio dejó imágenes de reencuentros y también la pregunta que nadie respondía entonces: cuántos quedaban dentro y con qué se negociaba la siguiente tanda. La tregua no cerró la guerra. Solo puso pausa al recuento.
El zoo, el portaaviones y la guerra de cifras
Entre bombardeo y bombardeo se cuelan dos preguntas que resumen el desconcierto. La primera:
un león escapó del zoo de Gaza tras el bombardeo de Deir al-Balah, lo que llevó a más de uno a preguntarse para qué quiere un zoo una franja sin agua, luz ni alimentos. La segunda: dónde está el grupo de combate que capitanea el USS Gerald Ford. Nadie dio una respuesta verificable.
Y por debajo, la desconfianza estructural: hay quien sostiene que lo que llega es material fabricado, que los vídeos están hechos con IA y que las cifras se cocinan. Un episodio nunca cerrado del todo —el de los bebés decapitados— se usa como prueba de que todo es mentira. La conclusión de esa corriente es incómoda: si no se puede verificar nada, la propaganda gana por cansancio.
El frente avanza, los túneles se suceden y las evacuaciones continúan, pero el mes cierra sobre la misma incógnita con la que abrió. Al-Shifa debía ser la prueba. A estas alturas, ni los que creen que había un cuartel debajo ni los que lo niegan tienen la imagen que zanje la discusión.