El vendehumo guaperas le gana al millonario, y la cifra escuece
La vieja pregunta sobre qué tipo de hombre triunfa con las mujeres se responde casi siempre con dinero, fama o cara. Pero una ronda reciente de testimonios añade un cuarto factor incómodo: el vendehumismo bien ejecutado. No hace falta tener negocios reales, basta con parecer que los tienes.
El vendedor de humo: el perfil denostado que arrasa
Hay quien sostiene que si se cruzan un empresario con cuenta corriente y un vendedor de humo con mejor cara, la partida la gana el segundo. La cifra que se maneja es tan redonda que duele: un 99% de los casos, según una de las observaciones. La fórmula clásica de Napoleón —tres cosas para ganar una guerra: dinero, dinero y dinero— se queda corta cuando el rival pone sobre la mesa el postureo. La estética de la falsedad —discursos de «negocios por medio mundo» y cartera olvidada— funciona mejor que la solvencia aburrida. El ejemplo que se repite es el de la estafadora de salón que se declara hogareña mientras promete llevar la cuenta al incauto. El envoltorio, dicen, se come al fondo.
Músicos y locutores feos pero con labia, la excepción sin millones
No todo es dinero ni cara perfecta. Los músicos con grupillo y un locutor de radio descrito como feo pero con mucha labia aparecen como perfiles que triunfan sin necesidad de llenar el bolsillo. Su activo es la verbalidad y la presencia en un escenario. La fama, en cambio, no cuenta: futbolistas, cantantes y actores ganan porque van con el cero a la izquierda multiplicado, no por su gracia natural.
Sin millones, ¿queda algo?
El experimento mental que atraviesa la conversación es despiadado: quitarles la fortuna a los famosos y ver qué pasa. La conclusión que emerge es escéptica. Sin los millones, el triunfo se desvanece y solo sobreviven los que se cuidan en el gimnasio, y aun así para un público muy concreto. La moraleja de la ronda de testimonios no consuela al hombre de a pie: el atractivo reside más en el envoltorio que en la promesa de fidelidad. Hasta que alguien pide la cuenta.