Comer fuera en general se ha convertido en una experiencia que no vale lo que cuesta.
Los sitios que mantienen precios razonables es a base de bajar la calidad o sirviendo cantidades cada vez menos generosas.
Los sitios que mantienen la calidad se han subido a la parra con los precios.
En algunas ocasiones es lo peor de los dos mundos: bajan calidad pero te siguen cobrando mucho porque pagas un entorno privilegiado.
He llegado a la conclusión de que muchas veces estás pagando no por un producto superior sino por una exclusividad, por no compartir espacio con según quién.
A mí me parece una engaña todo el rollo hipster de hamburguesas de autor, cervezas artesanales, café de barista... pero si no quieres compartir local con según qué clientela, pues es lo que toca.
Es normal que la gente llegue a la conclusión de que en su casa puede comer productos de mejor calidad, a un precio inferior, sin tener que aguantar según qué comportamientos en según qué locales.
Además sin pasar por el ritual de llegar a la puerta de un restaurante, que te pregunten si tienes reserva, te hagan esperar una hora o te metan en un rincón incómodo.