Que se siente al fumar un porro, meterse coca o herioina?

Personas reunidas en torno a una mesa con bebidas, imagen que ilustra el consumo de drogas y sus efectos sobre la salud
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Qué se siente al fumar porros, coca o heroína​

El efecto de la heroína, según el relato de un forero que lo escuchó de un conocido, cabe en cinco palabras: «el alma se desprende del cuerpo». El de un porro se parece más a vaciar media nevera entre risas. Quien busca saber qué se siente al fumar un porro, al esnifar coca o al pincharse heroína se topa con una dificultad incómoda: no hay una respuesta, hay tantas como organismos. Entre esos dos extremos aparecen paz, sueño, euforia, palpitaciones y sudores fríos. La pregunta de fondo, admitida en la propia consulta inicial, no es qué se siente, sino por qué se vuelve.

Efectos de la heroína, la cocaína y el cannabis, sustancia por sustancia​

Los opiáceos aparecen descritos con un vocabulario que mezcla bienestar y clínica: paz, sueño, sensación de bienestar y, en algunos casos, un orgasmo. En otros, el mismo compuesto provoca delirio, mareos, náuseas, vómitos y disforia. Todo depende de la dosis y de lo acostumbrado que esté el cuerpo. Cuando la tolerancia sube, el efecto se reduce a revertir la abstinencia: el bienestar ya no es placer, es la ausencia del malestar.

La cocaína recibe una definición mucho menos épica: un café a lo bestia. No importa el cansancio, deja como nuevo. El precio aparece en el otro lado, con psicosis y paranoia en intoxicaciones agudas. La ketamina va del sueño y el bienestar a alucinaciones descritas como muy malas. Las anfetaminas se mueven en un terreno parecido.

El cannabis tiene su propio catálogo. Relajación, risa por cualquier tontería, hambre desmedida —hay quien reconoce haber vaciado media nevera—, visión de túnel, sonidos con eco y la sensación de que hasta un disco malo suena a obra maestra. En dosis altas llegan las palpitaciones, los sudores fríos y los episodios de malestar que el argot llama amarillos. Un consumidor puntual resume su experiencia sin adornos: aturdimiento, mareo, hambre y sueño.
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¿Es lo mismo un porro que un chute de heroína?​

La comparación es el punto más discutido. Una parte sostiene que equiparar el cannabis con la heroína es un error de escala, y que el alcohol y el tabaco, ambos legales, causan un destrozo social mayor que los cuatro consumidores de sustancias ilegales. Enfrente pesa el argumento de que cualquier droga produce daño físico y deterioro mental, y que la distinción entre blanda y dura sirve sobre todo para tranquilizar conciencias.

El ejemplo que se repite es el del café o la cerveza: sustancias normalizadas que también alteran el sistema nervioso y que nadie mete en el mismo saco que un chute. La discusión se encona cuando alguien recuerda que el cannabis también deja secuelas: memoria, atención, retentiva y cambios de humor que asustan.

«Yo controlo»: el punto donde se rompe el autocontrol​

El consumo diario aparece en los relatos con un patrón reconocible. Hay quien describe a personas de más de 40 años que necesitan tres, cuatro o cinco porros al día —desayuno, almuerzo, merienda y cena— y que en sus momentos lúcidos admiten que deberían fumar menos, pero no pueden. Otras no logran dormir sin fumar antes. La tolerancia obliga a subir la dosis para conseguir el mismo efecto, y eso vale para cualquier sustancia, incluido el café.

Aquí la fractura es de diagnóstico. Unos sitúan el problema en la sustancia; otros, en la persona. El argumento más repetido en ese segundo bando es que hay quien se engancha a lo que sea —porros, alcohol, pastillas, pegamento— porque no sabe medir, y que la mayoría de consumidores moderados no llama la atención porque cumple con su vida sin aspavientos. La advertencia es la misma en ambos casos: el consumo diario tiene consecuencias.

Los testimonios que no caben en una estadística​

Uno de los relatos más largos no habla de la sustancia, sino de la convivencia con ella. Es el de alguien que se enamoró de una persona politoxicómana, bien adaptada socialmente, y que creyó que podría cambiarla. Describe el sexo, la música, el cine y la playa a tope, y también el egoísmo y la desestructuración que acabaron con la relación. Cuenta que la dejó porque en el fondo sabía que ella no le amaba: solo se quería a sí misma y a las drogas.

En el extremo opuesto está la memoria de un barrio castigado a finales de los años 80, presentado entonces como capital europea de la droga. De una cuadrilla entera de juventud sobrevivieron dos. Entre ambas experiencias se cuela una comparación geográfica: quien vive en Países Bajos desde hace casi siete años observa que allí el consumo es residual y visible, mientras que al volver a España la sensación es la contraria, con un punto de venta a menos de 500 metros en las ciudades. Y una recomendación de lectura, Flash, de Charles Duchaussois, por su descripción del espasmo del drogadicto.

El relato del consumo se sostiene sobre una frontera que nadie dibuja igual: la que separa el uso recreativo del abuso, y el abuso de la dependencia. Casi todos los testimonios reconocen que el cuerpo aguanta hasta que deja de aguantar. Queda sin respuesta cerrada si esa frontera la marca la sustancia o la persona que la consume.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Con opiáceos: paz,sueño, sensación de bienestar, algunos lo describen como un orgasmo. A otros les da delirio, mareos, náuseas y vómitos, incluso disforia.»
— atracurio · efectos variables de los opiáceos
«La maría..., si que noto que me enlentece la cabeza, que a veces no recuerdo cosas, no soporto a la mayoria de la gente y socializo poco.»
— Velvetin · secuelas cognitivas del cannabis diario
«Viví mi tierna juventud en el barrio más castigado de la catalogada como Capital Europea de la Droga a finales de los años 80, con decirte que de toda mi cuadrilla de la juventud solo sobrevivimos en la actualidad dos»
— zapatitos · memoria de un barrio castigado
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
El problema es quien consume, no la sustancia45%
Faltan comparaciones entre sustancias muy distintas30%
El cannabis también deteriora a largo plazo25%
📌 DATOS
Más de 20 años sin fumar tabaco, según quien abre la consulta
Un forero describe a consumidores de más de 40 años que fuman tres, cuatro o cinco porros al día
Un consumidor puntual limita su consumo de cannabis a entre 2 y 4 veces al año
Dos botellas de whisky y cuatro cervezas al año como consumo propio de alcohol
Un punto de venta de droga a menos de 500 metros en las ciudades españolas
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿La heroína es más peligrosa que el resto de drogas?
Es la conclusión que se sostiene en varios de los relatos recogidos: la heroína juega en otra liga frente a las drogas tradicionales. El argumento es que en las demás el problema depende sobre todo del consumidor, mientras que en los opiáceos el propio compuesto arrastra. No hay en el material datos de mortalidad que permitan cuantificarlo.
📅 EVOLUCIÓN
Dic 2016 Se abre la consulta sobre qué se siente al consumir drogas y se encadenan las descripciones de opiáceos, cocaína, ketamina y cannabis
Dic 2016 La conversación deriva hacia si el cannabis es comparable a la heroína y hacia el papel del alcohol y el tabaco como drogas legales
Dic 2016 Aparecen los episodios de malestar conocidos como amarillos o blancazo y las primeras cifras de consumo diario
Mar 2017 El foco pasa de los efectos a la responsabilidad personal: se discute si el problema es la sustancia o quien la consume
Mar 2017 Se incorporan testimonios largos sobre dependencia, relaciones de pareja y desestructuración vital
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El catálogo de efectos sustancia por sustancia, con la diferencia entre quienes sienten bienestar y quienes sufren náuseas, mareos y disforia con la misma dosis
✓El relato completo de la convivencia con una persona politoxicómana: qué funcionaba, qué se rompió y por qué acabó la relación
✓La comparación entre el consumo visible en Países Bajos y el español, con la distancia real hasta el punto de venta más cercano
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Descargo de responsabilidad: Este artículo describe experiencias y opiniones recogidas en un intercambio público y no constituye asesoramiento médico. El consumo de drogas ilegales conlleva riesgos graves para la salud; ante cualquier problema de adicción, conviene acudir a un profesional sanitario.
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