Rotary Club: ¿filantropía o sucursal de la masonería?
Primero fue la curiosidad por un panfleto, después una avalancha de 238 respuestas en menos de un año. El Rotary Club, esa organización a la que pertenecen empresarios, notarios y algún que otro político, se presenta como un club de servicio comunitario. Pero bajo la pajarita y la cena de gala, quienes han indagado más allá de la web oficial dibujan una realidad menos naíf: redes de contactos endogámicos, puertas giratorias en oposiciones y negocios, y una herencia ideológica que algunos sitúan directamente en la masonería más turbia.
¿Masones sin mandil? El debate sobre los orígenes
Lo primero que salta en la conversación es el vínculo con la masonería. Algunos interlocutores citan a los fundadores del Rotary como masones activos que trasladaron su filosofía al nuevo club. Una postura minoritaria lo niega, pero la mayoría sostiene que, aunque muchos rotarios no sean iniciados, los altos cargos sí lo son. Se menciona que el Rotary tiene estatus consultivo ante la ONU y que su filosofía es «mundialista y globalista», alineada con los valores masónicos. Un mensaje destacado resume: «Toda esa demagogia solidaria y pacifista es la hipócrita fachada pública».
La discusión se intensifica cuando se enlaza a figuras conocidas. Por ejemplo, se señala que la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, «masona y ahijada del judaísmo», presentó un libro en el Rotary de Pontevedra. También se rescata la figura de Prudencio Herrero, presidente del Club Rotario de Palencia, quien en noviembre de 2025 declaraba a un diario local que «se nos conoce poco a los rotarios», pese a conceder becas y ayudar a asociaciones benéficas.
Contactos endogámicos y «casar larvas»: la parte menos amable
Más allá de la teoría conspirativa, la mayoría de las aportaciones coinciden en un punto: el Rotary es una red de contactos donde el médico busca pacientes, el abogado clientes y el arquitecto proyectos. Las cuotas rondan los 40 euros al mes, pero el nivel socioeconómico exigido deja fuera a cualquiera que gane menos de 1.500 €. Un testimonio directo cuenta que en su ciudad los rotarios son empresarios, funcionarios de carrera y hasta traficantes, y que «si entras, te garantizas plaza en una oposición o un buen puesto». Otro relato, más sórdido, asegura que los beneficios incluyen «casar larvas», es decir, emparentar hijos de miembros para perpetuar el poder económico.
El programa de intercambio de jóvenes se describe como un mecanismo para asegurarse de que los hijos de los miembros aterricen en casas de nivel similar. Incluso se mencionan prácticas de «juegos macabros» y rituales, aunque sin pruebas y con un tono que mezcla leyenda urbana y testimonios personales.
Filantropía selectiva: la beca que tapa el tráfico de influencias
Nadie discute que los Rotary Club hacen donaciones: becas a músicos, ayudas a jóvenes, aportaciones a ONGs. Pero la crítica es que esas migajas sirven para lavar la imagen de una organización que, según algunos, se financia con actividades ilícitas: narcotráfico, tráfico de órganos e incluso películas con víctimas. Estas acusaciones, sin respaldo judicial, circulan con vehemencia en los mensajes más extremos, mientras otros las rebajan afirmando que los rotarios son «puretillas normales sin mucho que esconder».
La discusión deriva hacia una crítica más amplia al elitismo: «Se juntan con la gente de postín de la provincia en lugar de ir al fútbol», comenta un forero que conoció a dos asistentes. Y otro remata: «Es el Opus Dei de los masones, pero sin el cilicio».
La pregunta abierta que nadie responde del todo
Con 238 respuestas y 221 días de debate, el hilo no cierra ninguna conclusión sólida. Lo que sí queda claro es que el Rotary Club tiene dos caras: una pública, de cenas benéficas y becas, y otra subterránea, de redes de poder y herencias masónicas. ¿Es solo un club social de élite o realmente una pieza más de la ingeniería globalista que algunos denuncian? La evidencia documental es escasa, pero la sospecha, alimentada por anécdotas y referencias cruzadas, se ha instalado en la conversación. Mientras, los clubes rotarios siguen reuniéndose en hoteles con reservados, ajenos al ruido.