La bañera pierde sitio en la vivienda nueva: menos agua, más precio
En el hilo se repite que la bañera se está quedando sin sitio en la promoción nueva. El argumento que se esgrime para retirarla —consume mucha agua— es el mismo con el que se justifica un plato de ducha que ocupa menos y que, según se sostiene, no abarata el metro cuadrado. Sobre esa contradicción se ha montado una discusión que desborda el cuarto de baño: coste real de la vivienda, accesibilidad, seguridad doméstica y usos que no tienen sustituto. Para los mensajes del hilo, la bañera no ha muerto de vejez: la han matado las cuentas.
¿Por qué se retira la bañera de la obra nueva?
Los motivos que enumera el primer mensaje son cuatro: cuesta más, ocupa más, es menos accesible para quien tiene problemas de movilidad y concentra el riesgo de resbalones. Frente a eso, el plato de ducha libera centímetros, que en un piso medio son los más caros de la casa. El diagnóstico de partida del hilo es contundente: para tumbarse en una bañera hay que tener cuerpo de faquir. En la casa de un forero hay una de
hidromasaje que venía de serie y nadie la usa, y el desuso es el argumento más eficaz contra ella.
Hay quien recuerda otro elemento perdido del baño: el
bidé, que dice echar de menos sin pudor, después de comprobar que una toallita húmeda no es lo mismo.
El ahorro de agua como argumento comercial
Conviene separar dos cosas: el consumo hídrico y el precio. Hay quien sostiene que la excusa medioambiental es un truco chapucero para quitar espacio y cobrar más por la misma vivienda, y que el ahorro prometido nunca llega a la factura del comprador. Enfrente, el reproche del despilfarro de agua abre el propio debate.
La nostalgia también juega. Hace veinte años, según varios mensajes, lo normal era entregar
dos baños con sus dos bañeras; ahora hay promociones que, según esos mismos mensajes, solo llevan plato de ducha. Y hay un detalle que un forero lanza contra los defensores del plato: quien sostiene que la bañera es un invento inútil suele llenarla hasta arriba la primera noche que se aloja en un hotel que la tiene, y ese mismo mensaje lo atribuía a quien no tiene bañera propia.
¿Para qué se usa una bañera de verdad?
Para bañar a niños pequeños, sobre todo. Es el uso que más se repite y el que ninguna mampara sustituye bien: el barreño de plástico dentro del plato de ducha es la alternativa que propone uno de los mensajes mientras el niño es muy pequeño. A partir de ahí la lista se ensancha: sábanas después de un vómito infantil, alfombras, edredones, zapatos, tiendas de campaña, trajes de neopreno y mascotas que no caben en otro sitio.
Después está el uso que los mensajes describen como terapéutico. Un baño largo con
dos kilos de sal, o con un kilo de sal y dos litros de té de tomillo y romero, es el remedio casero que citan contra la resaca: media hora en remojo devuelve, cuentan, una sensación de fuerza que se esfuma al salir, cuando la gravedad vuelve a pesar un quintal. Y hay un uso logístico que casi nadie prevé: llenarla y taparla para guardar agua cuando llegan las restricciones, o convertirla en nevera auxiliar con hielo cuando en una fiesta la nevera se queda corta.
Ducharse de pie dentro de una bañera: el riesgo
Moverse de pie en una superficie convexa y resbaladiza es más peligroso que hacerlo en un plato plano. Lo señalan quienes han optado por revestir el fondo con piedra, un material que agarra tanto que lija los callos. Súmese el detalle de la accesibilidad: según un mensaje, quien necesita la bañera por los críos suele desmontarla cuando envejece, de modo que la misma casa puede exigir dos reformas opuestas en veinte años.
Del bidé al ofuro japonés: lo que se pierde por el camino
La comparación japonesa aparece pronto. Según los mensajes, en un
ofuro el cuerpo se limpia antes en la ducha y luego se sumerge en agua caliente que se conserva para varios baños, porque allí el agua no se emplea para lavarse; se citan microapartamentos con ese esquema, ducha al lado y cuba pequeña. La propuesta que recoge más consenso no es elegir entre ducha y bañera, sino tener las dos repartidas en dos cuartos de baño: uno con plato y otro con cuba.
El plato, además, se defiende solo: quien lo prefiere lo resume en «una ducha de metro cuadrado con su mampara». Y hay quien se ducha casi siempre con agua fresca, aunque reconoce que en la bañera con agua calentita se está como un rey, sobre todo en invierno.
Con estos mimbres, lo previsible es que la bañera siga retrocediendo en obra nueva y aguante en la vivienda usada, donde ya está pagada. No es una predicción firme. La misma generación que hoy lava alfombras en la bañera tendrá que rehacer ese baño dentro de dos décadas, y entonces volverá a discutirse lo mismo con los papeles cambiados. El plato de ducha gana la partida hoy. Nadie ha firmado la paz.