El apagón no lo causó Franco: un experto sostiene que la red iba al filo de la navaja
¿Quién tiene la culpa del apagón? La pregunta parece sencilla y no tiene respuesta. El episodio que copó los titulares de medio mundo dejó sin suministro eléctrico —y a unos cuantos atrapados en el ascensor, con perdón— y, de propina, desató la tradicional búsqueda del culpable. En las horas siguientes aparecieron todas las explicaciones posibles: el ciberataque ruso, el ciberataque marroquí, los aranceles de Trump, Putin, la ultraderecha, el cambio climático, Ayuso y, cómo no, Franco. Ninguna se sostiene sola. Lo que sí hay son datos, y apuntan a un sistema eléctrico que, según un análisis que circula, llevaba días trabajando al filo de la navaja.
Qué dijo el Gobierno: ni nucleares ni ciberataque
Pedro Sánchez salió a desmentir la hipótesis más repetida. «Quienes vinculan este incidente a la falta de nucleares francamente o mienten o demuestran su ignorancia», declaró, antes de explicar que la recuperación del suministro llegó gracias a las interconexiones con Francia y Marruecos, a los ciclos combinados de gas y a las centrales hidroeléctricas. El relato oficial incluye también la rapidez: reunión de urgencia en menos de 30 minutos tras el apagón y el Rey durmiendo en La Moncloa esa noche. La puesta en escena funcionó a medias: mientras unos destacaban la respuesta de Estado, otros veían en el despliegue una forma de tapar el fondo del asunto.
La tesis técnica: la red se saturó de renovables
Frente al ciberataque, la explicación que más se repite entre quienes trabajan con datos es más aburrida y más incómoda:
sobresaturación de red por generación renovable. La versión que circula sostiene que el sistema llevaba varios días operando al filo, con momentos en los que la producción eólica y fotovoltaica superaba el
100% de la demanda. Un exceso, no un sabotaje. El desplome vendría de un desequilibrio entre generación y consumo, ese tipo de fallo que los operadores llevan años viendo llegar en los mercados con alta penetración de renovables. Es la hipótesis con más recorrido técnico y, a la vez, la que menos interesa a casi todos los bandos.
Las nucleares pidieron permiso para parar horas antes
Un detalle cambia la conversación: según las informaciones publicadas,
Red Eléctrica autorizó a las nucleares a desconectarse horas antes del apagón porque las centrales pidieron permiso ante los bajos precios a los que operaba el sistema. Si se confirma, el argumento de que la nuclear es la solución se complica: algunas ya estaban fuera cuando la red empezó a fallar. Conviene la cautela. A la fecha de esta discusión no hay conclusión cerrada y las causas oficiales siguen sin publicarse.
Redeia: capital mixto, control público y una presidenta a dedo
El operador de la red troncal es el otro sospechoso. Redeia es una empresa de capital mixto: la
SEPI controla alrededor del 20%, y el resto está en manos de otros inversores, entre ellos Inditex. El Estado se garantiza por ley ser accionista mayoritario y de control, nombra a la presidenta y a buena parte del consejo de administración. Esa presidenta, exministra socialista de la era Zapatero, fue designada a dedo. Para unos, eso demuestra que la gestión del apagón es responsabilidad directa del Gobierno. Para otros, la etiqueta —pública, privada, semipública— es irrelevante: lo que cuenta es quién decidió y quién no invirtió a tiempo.
Los 12.000 kilómetros que nadie renueva
La red troncal española ronda los
45.000 kilómetros, y entre
12.000 y 15.000 necesitarían renovación, según el cálculo que se maneja en el hilo. El problema de fondo tiene nombre técnico: estabilidad. Países con tanta fotovoltaica y eólica como Alemania se han dotado de los llamados compensadores síncronos para aguantar los desfases entre demanda y generación. La conclusión que se repite es incómoda: al cerrar térmicas y nucleares, otros preservaron esa capacidad de respaldo en lugar de dinamitarla. Aquí, se argumenta, no hubo la misma previsión.
Quién paga la nevera estropeada: nadie
Los reglamentos europeos obligan a aerolíneas y compañías ferroviarias a costear comida, bebida y alojamiento a los pasajeros afectados por cancelaciones, y hay quien recomienda guardar todos los justificantes. Pero la letra pequeña del suministro doméstico es otra cosa. La queja más repetida tiene que ver con la palabra culpa: la RAE la define en su primera acepción como responsabilidad, y sin embargo nadie llama a la puerta para indemnizar por los minutos sin luz, la comida perdida en la nevera o el disco duro que se estropeó. Lucro cesante en una empresa, cero. Culpables, de momento, tampoco.
Y mientras, la lista de culpables de siempre
Porque si no hay causa clara, se buscan culpables clásicos. El catálogo que circula es un resumen de la política española reciente: los aranceles de Trump, Putin, la ultraderecha, el clima, los negacionistas, Israel por un contrato de munición cancelado, Ayuso, Feijóo y su supuesta manía de buscar pegas a todo. Y Franco, que sigue en la recámara de cualquier discusión. Hubo incluso quien reivindicó el mérito:
fui yo, se fue la luz justo al darle al botón de la vitrocerámica.
Al cierre de esta discusión, la única certeza es que la luz volvió y que el recibo, ese sí, no baja. El culpable sigue en paradero desconocido, el sospechoso habitual ocupa el banquillo de siempre y nadie ha abierto todavía las cajas negras. Tranquilos: el año que viene tendremos otro apagón y, con suerte, otra lista de culpables igual de larga.