El aviso de Red Eléctrica sobre apagones que circula en el foro
¿Puede un exceso de generación renovable tumbar el sistema eléctrico de un país entero? En el debate del foro se sostiene que sí y que ya se había advertido. Los participantes citan un informe anual financiero de Red Eléctrica, auditado por Ernst & Young, que reconocía riesgo de «apagones» y una «mayor dificultad en la operación del sistema» por la reducción de potencia firme. Según los análisis que circulan en el hilo, la fotovoltaica y la eólica, que dependen de inversores y no de rotores con masa rodante, no aportan la inercia que estabiliza la frecuencia. Cuando la producción supera el 100% de la demanda, el sistema quedaría al filo de la navaja.
Qué pasó y por qué se habla de sobrecarga
El diagnóstico que más peso ha ganado entre los participantes apunta a una
sobresaturación de red por generación renovable. Según un experto del sector citado en el material, «cuando abran las cajas negras va a haber una sobresaturación de red por generación eléctrica renovable al sobrepasar el 100% de la demanda». La secuencia que se describe sería la siguiente: días de sol y viento, producción disparada, y un sistema que no puede absorber todo lo que se inyecta. Los inversores domésticos empezaron a reportar alarmas de sobrecarga que nunca antes habían saltado, según relatan algunos foreros. Uno de ellos, con una instalación de ocho años, registró el salto de la protección anti tormentas sin que hubiera tormenta alguna.
El problema no es la cantidad de generación, sino su naturaleza, según los análisis técnicos del hilo. Un generador eólico puede girar a mil revoluciones, pero si no hay consumo, la potencia generada es cero. Lo explicaba con claridad un participante:
la potencia no depende del generador, sino de la carga. El desajuste llega cuando hay un deslastre grande y el transitorio se complica. La tensión sube de golpe, la frecuencia oscila, y los aparatos de medida detectan picos que disparan protecciones.
La inercia que las renovables no aportan
Aquí está el núcleo técnico del asunto, según los participantes. Las plantas de gas o nucleares generan electricidad con rotores de muchas toneladas que giran sincronizados con la red. Esa masa rodante actúa como un amortiguador: ante un escalón de carga, el rotor no cambia su velocidad de giro de inmediato, lo que da margen al operador para reaccionar. Los inversores fotovoltaicos, en cambio, no tienen masa. Toman la frecuencia de la red como reloj para crear su propia frecuencia. Si la mayoría de la generación es inversora,
la pescadilla se muerde la cola: no hay un reloj fiable que mantenga el tick de los 50 Hz.
El resultado sería un sistema más frágil. Un fallo en cascada puede propagarse con una velocidad que los mecanismos tradicionales de protección no alcanzan a contener. No es un problema de sincronía —toda la red va sincronizada, sea cual sea la fuente—, sino de estabilidad dinámica. Y cuanto mayor es la penetración renovable, más se acentúa, según estos análisis.
El precedente australiano y las advertencias previas
No es la primera vez que se ve algo así, según se afirma en el hilo. En Australia, con una penetración solar enorme, ya han sufrido episodios similares. Aquí, el año pasado se registraron tres cortes de emergencia que afectaron a la industria, según un participante. Y en los análisis previos ya se apuntaba al riesgo: un informe de Red Eléctrica reconocía «mayor riesgo de incidentes» tras el cierre nuclear. La conclusión que se extrae es que el sistema estaba operando con márgenes cada vez más estrechos.
La paradoja es que el día del incidente no era el de máxima producción. Como señalaba un análisis,
si hubiera sido en el pico de julio, veríamos lo de ayer multiplicado por diez. Eso sugiere que el margen de seguridad se agotó antes de lo previsto, o que concurrieron factores adicionales.
El negocio eléctrico y el precio del vertido
Más allá de la técnica, hay un trasfondo económico, según se debate. Cuando la producción renovable supera la demanda, el precio mayorista se desploma. Para evitarlo, se activan ciclos combinados de gas que encarecen el pool. Es decir, se paga más por la luz precisamente cuando sobra generación. Esa distorsión, sostenida en el tiempo, genera incentivos perversos.
La solución que se apunta es doble: sistemas de almacenamiento para absorber los excedentes y, probablemente, penalizaciones al vertido a red. La idea que circula es que
quien vierta, pague. El problema es que el parque de pequeña generación doméstica no puede ser controlado por el operador del sistema, lo que deja un flanco abierto.
Qué se puede esperar a partir de ahora
El asunto está abierto. Las autoridades no han cerrado una explicación oficial y los análisis técnicos que circulan en el foro siguen apuntando a la sobrecarga renovable como causa principal. Lo que parece claro es que el sistema necesita más potencia firme, más almacenamiento y mejores mecanismos de control, según estos análisis. Mientras tanto, la fotovoltaica doméstica sigue vertiendo a la red sin que nadie pueda apagarla desde el centro de control, según se sostiene en el hilo. Ironías de un sistema que presume de moderno: los plomos saltan y nadie sabe exactamente quién tiene el interruptor.