Ramoncín: el rockero que divide España
¿Es Ramoncín un genio infravalorado o un caradura sin escrúpulos? La discusión sobre su figura lleva décadas abierta, y un reciente intercambio de opiniones lo ha vuelto a poner sobre la mesa. Para unos, sus dos primeros discos son obras maestras del rock urbano; para otros, es un oportunista que ha sabido reciclarse a costa del sistema.
Los primeros discos: unánime reconocimiento
Incluso sus críticos más acérrimos admiten que los primeros trabajos de Ramoncín marcan un antes y un después. Temas como "Mar1" o "Hormigón, muyer y alcohol" capturaron el desencanto de la juventud española de los 80. Su sonido, potenciado por músicos como el argentino Michelini y el inglés Halsall, le dieron una calidad instrumental que otros grupos de la Movida no alcanzaban. Se le reconoce como uno de los pioneros del rock urbano patrio, junto a Miguel Ríos y Burning.
La sombra de la polémica: SGAE y acusaciones de plagio
Pero su carrera también está salpicada de controversias. La más recurrente es su papel en la Sociedad General de Autores (SGAE), donde se convirtió en una figura odiada por muchos, acusado de defender los intereses de la entidad frente a los músicos. Además, versiones no confirmadas apuntan a que se habría apropiado de canciones compuestas por su guitarrista Jero, al que después habría apartado. A esto se suma un giro ideológico: de ser un provocador contractual en los 70, pasó a frecuentar cenáculos literarios de la mano de Jesús Hermida, y más tarde se alineó con el discurso pogre dominante, lo que muchos consideran un simple postureo.
Un artista que no deja indiferente
Lo cierto es que pocas figuras del rock español generan tantas pasiones encontradas. Mientras unos le niegan cualquier valor artístico y lo tachan de arribista, otros defienden su legado musical, especialmente el de los primeros años. La discusión se salda, de momento, sin consenso. Como en tantos casos, el tiempo dirá si la música pesa más que la gestión de su propia imagen.
Lo que parece claro es que Ramoncín ha logrado lo que pocos artistas consiguen: que sigan discutiendo sobre él décadas después de su apogeo. Quizá esa sea, al fin y al cabo, su mejor jugada.