Éxtasis solar sin gafas: la fiebre que pilla desprevenidos
¿Cuánto cuesta un eclipse? Más de lo que parece. A juzgar por las reacciones registradas en el fragor del fenómeno, hubo quien lo vivió como un éxtasis y quien lo comparó con una aparición mariana. La imagen de la multitud reunida en puntos concurridos, con la vista clavada en el sol hasta el ocultamiento total, deja una estela de preguntas incómodas: ¿dónde estaba la cordura? ¿Y dónde estaban las gafas?
Asombro sin protección
Con las advertencias repetidas hasta la saciedad, la escena se repite: gente mirando directamente al astro, con la retina en juego. Hay quien se queda extasiado y hasta quien bromea con que el momento lo merece todo, aunque duela después. El coste de una quemadura retiniana no es un brindis al sol; en el peor de los casos, es irreversible.
El apocalipsis en cinco actos
No falta quien ve en el eclipse una señal. Una enumeración muy compartida sitúa el apagón como quinto eslabón de una cadena de desgracias: pandemia, volcán, DANA, invasores y, ahora, el sol. De ahí a proclamar que el presidente del Gobierno es el anticristo hay solo un paso, y muchos lo dan con media sonrisa. La colección de fatalidades funciona como termómetro del descontento: cuando la realidad supera la ficción, hasta el firmamento acaba en la lista de reproches.
Rebaño, paradojas y responsabilidad
Entre la masa que desborda los miradores, hay quien señala la contradicción: tanto cuidado con no quemarse la vista y tan poca con otras prevenciones que afectan a todos. El símil del rebaño, con su punto de desprecio, circula con fuerza. Pero la escena también tiene su lado amable: la emoción compartida, el niño que asistirá a algo que no se repetirá en décadas, la foto que valdrá más que mil palabras.
Total: el eclipse pasó y seguimos aquí. Con la misma vista, o sin ella, y con la seguridad de que la próxima vez muchos repetirán la misma escena. El asombro manda; la prudencia suele llegar tarde.