Recibir paquetes en casa: el riesgo creciente que ignoras
Un conocido luchador de MMA sufrió un robo en su domicilio después de que los asaltantes, presuntamente guiados por un repartidor que conocía la vivienda, entraran para llevarse un bolso y 300 euros, además de agredir a su pareja. El caso, que circuló ampliamente, es solo la punta del iceberg de un problema que crece con el auge de la entrega a domicilio: la puerta de tu casa se ha convertido en el punto más vulnerable de tu seguridad.
El lado oscuro de la última milla
La externalización de las entregas de última milla ha creado un ejército de repartidores precarios, a menudo subcontractados por empresas como Ecoscooting y similares, donde la selección de personal brilla por su ausencia. Los testimonios recogidos apuntan a que una parte significativa de estos trabajadores tienen antecedentes penales, desde robos hasta delitos sexuales, y que muchos acceden a la vivienda de los clientes con la excusa de la entrega. «Gente que ve dónde vives, cómo eres, si tienes pasta o vives solo, e incluso conoce tus horarios», resumía un afectado. No es solo la comodidad: es la llave de tu intimidad.
Puntos de recogida: la solución que no llega
Cada vez más consumidores optan por enviar los paquetes a lockers o puntos de recogida, evitando así el contacto directo. Sin embargo, la opción no es universal. Como se ha documentado, aproximadamente dos de cada tres paquetes no pueden ser enviados a lockers: los que contienen mercancía peligrosa (como mecheros), los de alto valor o los de gran tamaño. Un móvil que se quería comprar un usuario recibió el mensaje: «Este producto no es apto para un punto de recogida». La razón no es el tamaño, como él sospechaba, sino las políticas restrictivas de las empresas. Así, muchos consumidores se ven forzados a elegir entre la seguridad y la recepción del pedido.
El dilema entre comodidad y seguridad
Mientras las plataformas de comercio electrónico presionan para que cada vez más pedidos se entreguen en casa (menos coste logístico, más inmediatez), el debate sobre la seguridad se intensifica. Por un lado, están quienes defienden la entrega domiciliaria basándose en experiencias positivas con repartidores de confianza que llevan años en la ruta. Por otro, una corriente creciente de usuarios que exigen la generalización de los puntos de recogida o incluso la verificación biométrica de los repartidores. «El futuro son los puntos de recogida, como ocurre en la Europa civilizada», afirmaba un directivo del sector en la discusión, aunque reconoce que «solo los europeos del sur insisten en que se les lleve el paquetito a su puta casa».
La paradoja es que, mientras en Estados Unidos el robo de paquetes en los porches se ha convertido en una epidemia (el famoso «porch piracy»), en España el problema aún se manifiesta de forma más intrusiva: el repartidor no solo roba el paquete, sino que se lleva información sobre tu hogar. «Es fácil imaginar que parte de los robos que se cometan este verano sean obra de repartidores que han ojeado los hogares previamente», advertía un participante.
Las soluciones prácticas existen pero son limitadas: enviar al trabajo, pedir cita con código PIN, o instalar un portero automático que no dé acceso directo. La mayoría de los afectados coincide en que lo mejor es no recibir en casa si no es estrictamente necesario. Mientras las empresas no refuercen sus filtros de contratación y los consumidores no exijan alternativas seguras, abrir la puerta a un desconocido seguirá siendo un deporte de riesgo.