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De la pensión «devuelta» al cripto-estafa: el ideario boomer
Hay una escena doméstica que se repite cada Navidad. Alguien saca la calculadora y explica que una vivienda de 200.000 euros se pagaba a razón de 6.000 euros al año durante 25 años, así que cualquier joven podría permitírsela si no se dejara el sueldo en móviles y viajes —«como mucho, 10.000 euros»—. La cuenta no sale por ningún lado, pero el diagnóstico se pronuncia con la seguridad de quien cree haberlo vivido en primera persona.
Esa mezcla de aritmética dudosa y convicción moral define buena parte de las creencias económicas que la generación nacida entre 1946 y 1964 sigue dando por buenas. Un repaso por lo que sostiene ese grupo, y por lo que le responden los que vinieron después, dibuja un mapa de certezas que el tiempo ha ido desmontando sin que nadie diera la orden.
Qué se entiende por «boomer» en España
El primer malentendido es de calendario. La definición anglosajona sitúa al baby boomer entre 1946 y 1964, pero el desfase económico español traslada el fenómeno a otra franja: hay quien distingue entre la «langosta» (1945-1960) y el «boomer» propiamente dicho (1960-1975), con quince años por generación. La ruptura real llegaría con los nacidos a partir de 1975, la generación X, que ya no comparte los criterios vitales de la anterior. La crisis del 73 marca la frontera.
Confundir ambos grupos —y llamar boomer a quien no lo es— es el error de partida de casi todas las discusiones. No es un detalle académico: de esa confusión salen buena parte de los reproches cruzados que dominan cualquier sobremesa sobre pensiones o vivienda.
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Un país que estaba por construir
Aquí el diagnóstico tiene fundamento. La generación que hoy ronda o supera la jubilación llegó a un mercado laboral en el que había trabajos de todo tipo a los que meterse sin cualificación: bastaba con atreverse. Levantar un país miserable en casi todos los aspectos —con menos formación y menos información— requirió una resistencia a la adversidad que hoy se reconoce poco.
La otra cara es que aquel punto de partida no se repite. El camino estaba alfombrado, además, por las políticas expansivas y por unas condiciones macroeconómicas que no volverán. El que atribuye su posición al mérito exclusivo confunde el suelo con el salto, y sospecha vagancia donde hay un mercado distinto: el reproche de que los jóvenes no encuentran empleo por deseo o comodidad ignora que la puerta de entrada sin titulación se cerró hace dos décadas.
La pensión no se «devuelve» y la deuda ya está ahí
Una de las convicciones más extendidas es que el Estado guarda en una hucha el dinero cotizado y lo devuelve íntegro al jubilarse. No existe tal hucha. Las cotizaciones de los activos pagan las pensiones de los pasivos, un sistema de reparto que aguanta mientras haya suficientes contribuyentes por cada beneficiario. La creencia convive con la de que la pensión será premium para siempre y con la de que la sostenibilidad no es un problema.
En paralelo, el cálculo que maneja esa corriente sitúa la deuda pública por familia en unos 70.000 euros, una factura que —según esa lectura— se pagará sola por arte de magia o por decisión divina. La foto final la pone un caso declarado a viva voz: 2.500 euros de jubilación más autobús y medicamentos gratuitos. Y de fondo, la sombra de un bloque de ocho millones de jubilados que, junto al empleo público, condiciona cada convocatoria electoral.
Cripto es una estafa, pero el fondo del banco no
Otra contradicción señalada: desconfiar de las criptomonedas —tildarlas de estafa sin matices— y a la vez confiar el ahorro a productos bancarios que se venden en la propia sucursal, con la recomendación del comercial de toda la vida. A nadie le suena a trampa el fondo que le ofrece alguien con corbata; el token que compra un sobrino, sí.
La crítica va más allá y apunta a cómo se valora una empresa en bolsa. Los parámetros con los que se mide su precio serían los de hace tres décadas, inservibles para negocios que entonces no existían. Tecnología que lleva treinta años en el mercado sigue percibiéndose como recién llegada por quien nunca necesitó aprenderla. El resultado es una doble vara: lo nuevo da miedo o es un fraude, según quién lo venda.
Educación, lectura y el crimen de la LOGSE
Aquí el reproche cambia de dirección. Se sostiene que la fe ilimitada en la cultura y la educación como solución a todo —y la idea de que leer es lúdico y placentero por sí mismo— viene de haber querido compensar una educación autoritaria convirtiendo la enseñanza en un juego, con base en teorías buenistas de los sesenta. La acusación concreta señala a la LOGSE, la ley educativa que habría rebajado el nivel para, según la crítica, subir salarios y blindar condiciones del profesorado.
El resultado, dicen, es una generación malcriada y cortoplacista cuyos hijos devuelven ahora la inversión. No falta quien responde lo contrario: el error fue pasar del autoritarismo al todo vale sin encontrar un punto medio, y el famoso cachete a tiempo no arreglaba nada.
La burbuja que no ven y el eje casta/no casta
Un frente más incómodo tiene que ver con el mercado de las relaciones. Una corriente del análisis sostiene que la irrupción de las aplicaciones de citas ha reconfigurado ese terreno y que parte de esa generación sigue aplicando esquemas antiguos —la idea de que a los 40 años sin pareja algo falla— sin percibir que el tablero ha cambiado. Es una tesis de parte, discutida, más provocación que diagnóstico cerrado.
En el plano político, se atribuye a ese grupo pensar en términos de izquierda y derecha cuando el eje relevante habría pasado a ser casta frente a no casta, votar la Constitución del 78 como deber moral y confiar en que al final los buenos ganan. De fondo, la fe en que el Estado y el político son los únicos capaces de resolverlo todo, una creencia que se está agotando entre los más jóvenes.
El dato que descoloca
El remate lo pone la propia conversación. El referente tecnológico que encarna la nueva forma de valorar empresas, el pionero citado como adalid de ese cambio, está a punto de cumplir los 50 años. La etiqueta generacional se deshace sola. No hay manual boomer, porque quien lo escribiría ya no es boomer.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Vienen de una época en la que todo estaba por construir, por lo que encontraron trabajos de todo tipo a los que meterse aún sin cualificación, sólo había que atreverse.»
— JyQ · Mercado laboral de posguerra
«Que el estado guarda el dinero que ellos cotizaron para las pensiones y que cuando cobran sus pensiones, el estado simplemente les devuelve su dinero.»
— Registrador · Creencia sobre el sistema de pensiones
«La mayoria los ha comprado pagando 6.000€ al año durante 25 años y los han pagado. Es un calculo simple que mejor no tener estudios para entenderlo»
— John Smmith · Compra de vivienda y esfuerzo
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Recibieron un camino alfombrado y no lo ven45%
Levantaron España desde la miseria, con mérito30%
No es la edad, cada generación paga su error25%
📌 DATOS
Una vivienda de 200.000 euros pagada a 6.000 euros al año durante 25 años
El gasto en móviles y viajes estimado en 10.000 euros como máximo
70.000 euros de deuda pública por familia
2.500 euros de jubilación junto a autobús y medicamentos gratuitos
Un bloque de ocho millones de jubilados con peso electoral
📅 EVOLUCIÓN
Arranque del temaSe abre el inventario de creencias: valoración de empresas con parámetros obsoletos, cripto como estafa y fe en los fondos bancarios
Tramo intermedioEl foco se desplaza al calendario generacional y se corrige el error de llamar boomer a quien pertenece a la generación X
Aportaciones posterioresEntran las cifras: vivienda, hipoteca, deuda pública por familia y pensiones
Tramo finalSe suman la crítica educativa a la LOGSE y el eje político casta/no casta
CierreEl dato que descoloca: el referente tecnológico de la nueva economía está a punto de cumplir 50 años
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desglose de la compra de un piso de 200.000€ a 6.000€ al año y por qué esa cuenta falla al trasladarla a hoy
✓La distinción entre «langosta» (1945-1960) y «boomer» (1960-1975) que casi nadie aplica bien al hablar de generaciones
✓La lista completa de creencias, desde el zumo de naranja que pierde vitaminas hasta el fondo bancario recomendado en ventanilla
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Descargo de responsabilidad: Las creencias y cifras recogidas proceden de opiniones y cálculos particulares; no constituyen asesoramiento financiero ni fiscal.
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