Alvise prometió no restar votos a la derecha: el balance tras cuatro elecciones
Cuando Alvise Pérez anunció su candidatura a las elecciones europeas de 2024, prometió que se limitaría a ese ámbito para no perjudicar a los partidos de la derecha. Meses después, su formación SALF se ha presentado a autonómicas y generales, y los datos de Andalucía muestran un trasvase neto de unos 100.000 votos desde Vox, suficientes para haberle costado varios escaños. La promesa inicial se ha desvanecido.
La inmunidad que no trajo revelaciones
Alvise justificó su salto a la política con la necesidad de obtener inmunidad parlamentaria para "sacar mierda" sin represalias. Desde que es eurodiputado, sus publicaciones más destacadas han sido vídeos de plenos vacíos, algo que ya era de dominio público. No ha trascendido ninguna revelación que no se conociera antes. Además, prometió repartir su sueldo entre sus seguidores; cumplió solo el primer mes y después desapareció la iniciativa. También dijo que no acudiría al Parlamento Europeo, pero los registros muestran que asiste y cobra dietas.
El coste electoral para Vox: los números de Andalucía
Un análisis de los resultados autonómicos andaluces de 2026 respecto a las generales de 2023 revela que Vox perdió aproximadamente 100.000 votos, coincidiendo con la aparición de SALF. En provincias como Sevilla, Vox pasó de 141.000 a 139.000 votos, mientras que SALF obtuvo 12.000; en Jaén, Vox cayó de 54.400 a 51.500, con SALF sumando 4.500. En el conjunto, si esos votos se hubieran mantenido en Vox, el partido habría obtenido tres diputados más, probablemente a costa del PSOE. La fragmentación ha beneficiado objetivamente al bipartidismo.
¿Disidencia controlada o simple bufón?
Las teorías sobre Alvise oscilan entre considerarlo una operación de inteligencia (CNI) para controlar el voto descontento, o simplemente un oportunista que ha sabido capitalizar la fatiga política. Los votantes de SALF suelen ser personas que han probado otras opciones (Podemos, Vox) y buscan castigo y espectáculo. La financiación del partido sigue siendo opaca, y las conexiones con ex altos cargos policiales alimentan las sospechas de que no es un actor independiente.
Lo cierto es que la promesa de no dañar a la derecha se ha incumplido. Cada voto a SALF es un voto que no va a Vox, y en un sistema electoral que castiga la fragmentación, el resultado es un regalo para el PSOE y el PP. La pregunta que queda en el aire es si Alvise es consciente de ello o es simplemente un peón en un juego más grande.
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