El Rin de los folletos turísticos, hoy lecho de barro en Renania-Palatinado
Las imágenes que circulan del Rin en Renania-Palatinado no se parecen a las postales: el agua apenas moja el fondo del cauce, los viñedos que los folletos prometían enmarcan una lengua de barro y piedras. Los cruceros no pasan. La propaganda turística vendía meandros de cuento; la realidad, sin paseo fluvial.
La sequía europea no es nueva, pero este año ha dejado una estampa insólita en uno de los ríos más transitados del continente. El Rin no es solo un escenario de crucero: es una arteria logística de primera división. Cuando baja así, las barcazas aligeran carga y el flete se encarece. La cuestión de fondo, sin embargo, no es el coste.
Lo que más inquieta es la sensación de que esto ya estaba escrito. En las cartas del frente de 1914, un soldado alemán dejó anotado que los ríos se secarían hasta no necesitar puentes. Antes, en 1824, una visionaria habló de mares convertidos en grietas. Y a mediados del siglo XX, un vidente bávaro auguró ríos que se cruzan a pie. Tres testimonios, tres fechas, y una descripción que hoy se puede verificar sobre el terreno.
Hay, claro, quien relativiza. El tramo seco es un meandro secundario, no el canal principal del Rin. Es cierto, pero poco consuelo para las navieras que vendieron esa ruta como agua garantizada. Mientras tanto, el canal principal sigue navegable con cautela. Y el próximo verano promete más de lo mismo.
La propaganda construyó un mito con viñedos y castillos. El clima lo está reescribiendo con barro. Si las predicciones de hace un siglo se cumplen, dentro de nada no harán falta puentes: bastará con botas de agua.