Copio y pego un comentario mío de ayer:
Mañana se celebra el "grito de dolores" (aunque en realidad el grito fue en la madrugada del 16). ¿Sabes quién pronunció el famoso grito? El cura hidalgo. Y, entre otras cosas (aparte de "mueran los gachupines"), lo que más repitió fue "viva la virgen de guadalupe" y "viva nuestro señor jesucristo". Nadie gritó "viva hiram abbif" ni ninguna consigna masónica. E hidalgo no fue el único cura subversivo, morelos también era cura. De los llamados "cuatro padres libertadores de méxico" (hidalgo, morelos, iturbide y rayón), la mitad eran curas y los otros dos religiosos. Y entre el resto de los cabecillas, ningún masón, todos religiosos, con una gran presencia de curas, arciprestes, obispos (destacándose el de querétaro) y demás clero. De hecho, el clero católico se sumó a la rebelión a tal punto que si no fue removido por el virrey venegas fue porque en sus propias palabras no quedaría en el país quien dijese misa. Otro día hablamos de como las rentas eclesiásticas del vaticano financiaron las primeras intentonas de "independencia" ya a finales del xvi y principios del xvii, así como de las actividades de los jesuitas por todos los territorios americanos de la corona, especialmente en paraguay.
Que Hidalgo fuera cura no invalida que todo el proceso haya sido falsificado por la historiografía masónica posterior.
Al fin y al cabo nadie te cuenta que absolutamente nadie de aquella primera insurgencia mexicana quería nada parecido a una secesión.
No hay que olvidar que el proceso fue paralelo y similar a lo que ocurría en la España europea:
Un clima de completa confusión instigada por los enemigos para favorecer un proceso largo enquistado de inestabilidad que les facilitara ir tomando las riendas a los intereses extranjeros.
Vamos, lo mismo que vemos ahora mismo con lo de Ceuta. Enredarlo todo, enquistar el problema, crear un caos donde la verdad sea indistinguible de la mentira y así utilizar incluso a las gentes de buena fe como ariete contra ellos mismos.
En la primera insurgencia mexicana, como en el resto de las Indias, lo único que querían era protegerse frente al vacío de poder provocado por el secuestro napoleónico del rey y evitar que todo el Imperio cayera en manos francesas.
Evidentemente que ciertas facciones de traidores fueran capaces de ir conspirando y tramando en las sombras con éxito no fue solo gracias a su habilidad, sino que también en la alta sociedad ya se había hecho una infiltración previa durante incluso generaciones de las ideas masónicas que sería lo que hoy llamamos mover la ventana de Overton.
Hasta que todo parezca normalizado, más o menos como hoy. Que la gente en lugar de escandalizarse porque alguien se divorcie, se asesinen no natos o gente deprimida o se invada territorio nacional y nadie corte cabezas sino que al revés se las corten a los que piden mantener los contratos matrimoniales, proteger la vida o defender las fronteras echando a los invasores.
Si el ciclo no se invierte, en el futuro se hablará de los grandes estadistas que tuvieron altura de miras para aumentar democráticamente los derechos de las minorías y de haber puesto fin al colonialismo depredador devolviendo Ceuta a su histórico y legítimo dueño.
De la misma forma que hoy no se habla de traidores ni de genocidas ni de lacayos entre toda la clase política española del siglo XIX (en la historiografía oficial me refiero) sino que incluso se les da calles y se les crean mitos “patrióticos”, tanto en la otrora España indiana como en la europea.
Y por supuesto jamás de los jamases te hablarán de los motivos de poder y de avaricia que enturbian a todas estas élites.