Reform UK arrasa en las municipales británicas: laboristas y tories, al borde del colapso
La formación populista de Nigel Farage ha dado un golpe sobre la mesa en las elecciones municipales parciales de Inglaterra. Con el 80% de los consistorios escrutados (110 de 136), Reform UK se impone con claridad en antiguos feudos laboristas y conservadores del norte y el centro del país, incluyendo distritos de Londres donde hasta ahora era residual. La debacle del Partido Laborista de Keir Starmer, que según las encuestas internas ronda el 21% de aprobación, deja al partido gobernante en una situación crítica. Los conservadores, por su parte, quedan relegados a un tercer puesto en muchas circunscripciones, superados incluso por la formación de Farage.
El fin del bipartidismo: ¿nuevo ciclo o espejismo?
La comparación con el Vox español es inevitable: Reform UK capitaliza el descontento con la inmigración, la burocracia europea (aunque el Brexit ya se consumó) y la falta de vivienda asequible. Sin embargo, no todos ven a Farage como un salvador. Críticos dentro del propio espectro derechista le acusan de haber traicionado sus promesas: señalan que su partido estaría permitiendo la entrada de trabajadores inmigrantes y retrocediendo en las deportaciones masivas, mientras que opciones más radicales como Restore Britain ganan terreno entre los desencantados.
El dato que descoloca: 5.000 concejalías en juego
En estas elecciones se disputaron más de 5.000 puestos de concejal en toda Inglaterra, y el avance de Reform UK no es anecdótico. La fragmentación del voto de derechas y la desmovilización del electorado laborista abren un escenario de ingobernabilidad que recuerda a otras democracias europeas. Mientras tanto, los Liberal Demócratas —que muchos daban por muertos tras el escándalo del diputado casado con una española y su jugoso puesto en Facebook— resisten, para sorpresa de propios y extraños.
Farage, ¿segunda vuelta al mundo?
Farage ya hizo historia al impulsar el Brexit. Ahora, con Reform UK superando a los conservadores en intención de voto, se habla de un segundo gran hito. La ironía no pasa desapercibida: el nombre del partido evoca al Reform Club de Phileas Fogg, el exclusivo club londinense desde el que el personaje de Julio Verne apostó a dar la vuelta al mundo en 80 días. La diferencia es que, esta vez, la apuesta de Farage no es literaria: se juega el futuro político del Reino Unido.
Con el recuento aún no cerrado, el mapa electoral británico se tiñe de un color desconocido. La pregunta que flota es si este terremoto es el principio de un nuevo ciclo o simplemente un castigo temporal a la mediocridad de los grandes partidos. Por ahora, las cifras hablan solas.