El Prima Prix se diluye: de tienda low cost a almacén de sobras
Un empleado cuenta que una caja de pasta de la marca RANA llevaba un año en el almacén sin venderse. Al ponerla a 1 €, una clienta se llevó varias unidades. La anécdota no es un hecho aislado: es el síntoma de una cadena que ha perdido el rumbo.
La expansión que lo cambió todo
Cuando en Barcelona apenas había cuatro tiendas (contando Collblanc), el surtido combinaba comida y bazar de calidad aceptable. Ahora, con decenas de locales, la oferta se ha degradado. Los clientes habituales detectan productos con fechas de caducidad dudosas y marcas que son excedentes de otros supermercados. «La clave del Primaprix es no comprar comida», advierte un usuario.
Un modelo que se resiente
El problema no es solo la percepción. La estrategia de llenar estanterías con lotes de liquidación de terceros —cuando esos productos no se vendían ni a precio de derribo— termina por espantar al comprador que busca gangas reales. La confianza se erosiona y el boca a boca pasa de recomendar a prevenir.
Con estos mimbres, el Prima Prix se enfrenta a un dilema: seguir creciendo en número de tiendas a costa de la calidad o redefinir su propuesta de valor. De momento, el carro de la compra avisa: no todo lo que brilla es low cost.