Cine 2018-2022: la lista que busca esquivar el relato ideológico
El cine reciente adoctrina al personal. Esa es la tesis de salida, y quien la plantea no pide un ensayo: pide títulos. La solicitud es concreta —películas estrenadas entre 2018 y 2022 que no sean un tostón— y llega con cinco ya vistas sobre la mesa:
1917 (2019),
El hombre del norte (2022),
Joker (2019),
Old Henry (2021) y
Parásitos (2019). De ahí la conversación saltó a algo mayor: si el cine de la última década ha dejado de contar historias para vender una cosmovisión. La respuesta fue, como casi siempre, bastante más variada que el punto de partida.
Qué películas de 2018 a 2022 se recomiendan
Las listas que se van acumulando tienen aire de familia.
Nobody (2021), Wrath of Man (2021), The Gentlemen, Le Mans '66, Ad Astra, Tenet, The Lighthouse, Once Upon a Time in Hollywood, Sicario: Day of the Soldado, Minamata, The Little Things o Red Rocket forman un núcleo duro reconocible. A ellos se suman apuestas europeas y de género: Quo Vadis, Aida?, Jinetes de la justicia, Otra ronda, Diamantes en bruto, Mandy, Dogman, El monstruo de St. Pauli y la francesa Barbacoa (2021). El catálogo completo, con año y justificación título a título, es bastante más largo que cualquier resumen.
El patrón es claro:
acción de autor, thriller de venganza, cine histórico y producción europea de presupuesto medio. También asoman los últimos trabajos de Ridley Scott —La casa Gucci y El último duelo—, señalados como ejemplos de un cine de estudio que no ha cedido a la corrección. Y en la ciencia ficción, dos humildes: Prospect (2018) y la rusa Sputnik (2020).
La anécdota que rompe el tono serio la aporta un canal de vídeo donde dos espectadoras jóvenes descubren por primera vez
El hombre tranquilo. La escena en la que John Wayne arrastra a Maureen O'Hara por el campo irlandés con una vara en la mano les provoca un estupor que se comenta más por lo que retrata de otra época que por la película en sí.
¿Por qué se considera que el cine actual está ideologizado?
Es la pregunta que sostiene todo el desacuerdo, y las respuestas no coinciden. Hay quien sostiene que
Dune (2021) responde a un reparto y a unos arquetipos elegidos por criterios identitarios, y recomienda acudir a la versión de 1984; en la acera opuesta, ese mismo título se defiende como una adaptación razonablemente fiel. La etiqueta se reparte según dónde cada cual ponga el límite.
Otros desplazan el problema del mensaje al oficio. Las últimas entregas de Spiderman se salvan, dicen, por el reclamo nostálgico de los personajes antiguos, no por el guion. The Tomorrow War —disponible en plataforma— se despacha directamente como mala:
incoherencias y agujeros que solo tapan los efectos. Ese diagnóstico compite con el anterior y lo matiza: no todo lo que disgusta es propaganda; a veces es simple desidia.
El refugio en el cine anterior al 2000
Frente al catálogo reciente, la alternativa más repetida no es una película: es una época. «El mejor cine y la mejor música ya han sido creados», resume una de las posturas, que da por bueno sobre todo lo rodado antes del cambio de siglo. Hay quien fija la muerte del cine en
1989 y quien la retrasa hasta
2001, con Mulholland Drive como acta de defunción del Hollywood clásico.
El cine negro de los años cincuenta funciona como campo de pruebas de ese criterio, y ahí también hay división: para unos, el género está sobrevalorado salvo excepciones como
Gilda; para otros, Gilda ni siquiera es cine negro y el canon de verdad está en
El halcón maltés, en Humphrey Bogart, en Dana Andrews o en James Cagney. La lista de clásicos que se recomienda sin discusión incluye títulos de Al Pacino de finales de los ochenta y los noventa: Heat, Atrapado por su pasado, Melodía de seducción, Esencia de mujer y Donnie Brasco.
La receta se extiende a la hora de educar el gusto de los más jóvenes. Regreso al futuro, Indiana Jones, El equipo A, El coche fantástico o MacGyver siguen funcionando como puerta de entrada, según quienes las prueban en casa con niños de once años.
Del blockbuster a la serie: cómo se desvía la búsqueda
No todo lo que aparece cumple el encargo.
Top Gun: Maverick (2022) se queda en el limbo de quien prefiere esperar a verla fuera de la sala. Y alguna propuesta directamente no era película: una recomendación resultó ser una serie, y hubo que pedir el enlace para comprobarlo. Lo mismo ocurre en el terreno de las miniseries, donde Chernobyl se cuela entre los títulos más citados mientras 1899 o Willow esperan veredicto.
El fondo de armario se completa con clásicos de la distopía, como Soylent Green, y con el nuevo Godzilla japonés, del que se dice que con cuatro perras de presupuesto deja en evidencia a producciones mucho más caras. Ese tipo de comparación —poco dinero, resultado sólido— es, al final, el argumento que más se repite en toda la discusión.
Con estas piezas, el balance es incómodo para todas las posturas. Cada recopilación acaba recomendando lo que ya se recomendaba hace veinte años, y el filtro se aplica según dónde cada cual coloque la frontera: en el reparto, en el guion o en la fecha de estreno. Lo único estable es el método: descartar, apuntar y seguir buscando.
De cara al próximo ciclo veraniego, es previsible que la pregunta vuelva a formularse igual y que las respuestas se parezcan a estas. También es probable que la conversación derive otra vez hacia las series, hacia el cine clásico o hacia la lista de siempre, porque el suministro de novedades que satisface el filtro no parece haberse ampliado. Habrá que ver si dentro de un año el catálogo crece o simplemente se reordena.