Adiós a los cromos y a las cintas: el mercado de San Antonio agoniza
En los años 90, el mercado de San Antonio era, según se decía en televisión, el mayor centro de piratería informática de Europa. A principios de los 90, quien quisiera una copia de un programa de contabilidad o un juego de Commodore sabía dónde encontrarla. Hoy, una visita al recinto a media mañana se resume en cuatro puestos con clientela de edad avanzada, intercambio de cromos Panini muy por debajo de lo esperado y baños que parecen sacados de los 80.
La decadencia tiene lecturas económicas. Hay quien sostiene que la desaparición es irreversible y depende de la zona: algunos mercados sobreviven, otros se apagan sin remedio. La realidad es que el relevo generacional no llega. El interés por tebeos y libros antiguos se concentra en un puñado de fieles, mientras las nuevas generaciones no visitan estos espacios. A eso se suma la competencia de plataformas como eBay, que desde hace más de 25 años permiten vender y comprar sin moverse de casa.
Aún queda algo de mercancía valiosa: un libro de masonería del siglo XIX llegó a tasarse entre 400 y 500 euros, y el mismo día se adquirió una obra antisemita de Henry Ford por 20 euros. El problema no es la oferta, sino quién va a buscarla. La especulación de algunos revendedores tampoco ayuda: el mercadillo empieza a atraer a quien busca la ganga para revender, no a coleccionistas.
Con esa mezcla de nostalgia, digitalización y ausencia de jóvenes, la pregunta es incómoda: cuando se jubilen los cuatro fieles que aún mantienen el ritual, ¿quedará algo más que un baño ruinoso?