Robert Altman: ¿genio incomprendido o fraude del cine?
En el mundo cinéfilo, pocos nombres generan una división tan visceral como el de Robert Altman. Mientras unos lo elevan a la categoría de maestro del cine coral y la sátira social, otros lo consideran un narrador insufrible, culpable de algunos de los metrajes más soporíferos de la historia del cine. El director de «M*A*S*H» o «El juego de Hollywood» tiene defensores y detractores que chocan sin tregua.
Las críticas: ritmo letárgico y personajes sin carisma
Los detractores de Altman señalan, sobre todo, su particular concepto del tempo narrativo. «Tiene que ser uno de los peores directores de la historia», se argumenta al calor del debate. Se le acusa de rodar películas con un ritmo exasperantemente lento, donde los personajes resultan planos y carentes de carisma. Su estilo, lejos de ser una apuesta autoral, sería puro ego: el director impone su firma sobre una historia sin importar que el espectador se duerma. El ejemplo más citado es «Popeye» (1980), una adaptación tan fallida que por sí sola justificaría el desprecio.
Las defensas: un autor de culto con obras mayores
Sin embargo, Altman no carece de valedores. «El juego de Hollywood» (1992), «Gosford Park» (2001) o «Tres mujeres» (1977) son mencionadas como obras rescatables, incluso brillantes. «Gosford Park» no es mala película, y la adaptación de «El largo adiós» se deja ver. Algunos llegan a calificarlo de GOAT (greatest of all time), aunque sean minoría. El debate se encona cuando se compara a Altman con otros realizadores: hay quien afirma que «a nadie le gusta Altman» del mismo modo que a nadie le gustan Almodóvar, Malick o Sorrentino, una corriente de opinión que lo sitúa como un director polarizante, no necesariamente malo.
El factor comparativo: contra Fellini y Carpenter
La comparación con otros directores es inevitable. Se menciona a Fellini, a quien se reconoce «Amarcord» como obra redentora, mientras que de Altman se pregunta: «¿y él qué?». La referencia a John Carpenter aparece como contrapunto: Carpenter, director de «Halloween» o «La cosa», es popular y reconocido por su cine de género, mientras que Altman es acusado de ser un «guiri borracho» que, sin embargo, logró financiación para sus proyectos. La polémica queda servida.
El veredicto popular sigue abierto. Lo que nadie discute es que Altman no deja indiferente, y eso, en el mundo del cine, ya es un mérito.