Robregordo: el pueblo madrileño que se vacía mientras la alcaldesa colombiana intenta repoblarlo
En Robregordo, un pueblo de la Sierra Norte de Madrid a 1.400 metros de altitud, el silencio de la calle Real solo lo rompe un avispón que camina. El mayor entretenimiento de Antonio Casanova, de 80 años, es observar un insecto. Este es el escenario que describe El País en un reportaje sobre el municipio gobernado por una colombiana, elegida gracias al voto migrante, donde los pocos habitantes que quedan son forasteros.
La paradoja de la repoblación: viviendas cerradas y alquileres inexistentes
La alcaldesa, Herreño, llegó al cargo en 2023 sin ser conocida en el pueblo y residiendo en Getafe. Su triunfo no hubiera sido posible sin el voto migrante. Pero la realidad es que el centro del pueblo está desierto: los vecinos prefieren tener las casas cerradas antes que alquilar a forasteros. "Es casi imposible encontrar nada", dice la alcaldesa. Mientras, la presión de los precios de Madrid expulsa a trabajadores hacia municipios como Seseña, que renace gracias a los 40 minutos en coche a la capital. Robregordo, sin embargo, sigue condenado al silencio.
¿Macondo en la España profunda?
Las comparaciones literarias no faltan: unos ven un Macondo de realismo mágico, otros una Comala fantasmagórica. La ironía es que el pueblo, lejos de revitalizarse, se ha convertido en un parque temático para neohippies y funcionarios de la repoblación. Hasta un joven marroquí que regenta un negocio prefiere no hablar de ingresos. "Vamos tirando", dice, en lo que algunos interpretan como tapadera de drogas. Pero más allá de especulaciones, el dato es claro: con 80 años de media entre los pocos autóctonos, el futuro de Robregordo pende de un hilo.
La pregunta que queda en el aire es si Robregordo acabará como un parque temático para neohippies o como una nueva Seseña, donde los expulsados de Madrid busquen un hogar asequible. Por ahora, solo el avispón parece disfrutar del paisaje.
Debates relacionados en el foro