Mercadona cambia su modelo: ¿Por qué Roig toca lo que funcionaba?
Mercadona, con una cuota de mercado del 30%, el doble que su competidor más cercano, Carrefour (7,2%), ha iniciado una reestructuración radical que incluye la eliminación de mostradores, la reorganización de la cadena de frío y un impulso a la comida preparada. El movimiento, pilotado en 60 tiendas, ha desatado un intenso debate entre quienes lo ven como una estrategia visionaria y quienes lo interpretan como una deriva hacia el ultraprocesado y la automatización sin alma.
Un giro hacia el 'restaurante-supermercado'
La nueva disposición de las tiendas apunta a reducir la fricción de compra: se eliminan mostradores de charcutería y pescadería tradicionales, se sustituyen por bandejas y envases plastificados, y se amplía la zona de platos preparados para consumo en el propio local. Para muchos, esto transforma el supermercado en un híbrido de economato y comedor. Un análisis recurrente sostiene que el modelo responde a la necesidad de captar a jóvenes que valoran la rapidez y no cocinan, así como a un turismo low cost y una población migrante con poco poder adquisitivo. Frente a esto, la postura crítica señala que se trata de reducir costes de personal: detrás de la eliminación de mostradores hay menos empleados, y las cajas automatizadas apuntan a una plantilla mínima. El objetivo último sería maximizar el margen, ya que la comida preparada (arroz, pasta, patatas) tiene un beneficio muy superior al de los frescos no elaborados.
Automatización y dependencia tecnológica
El debate no solo abarca el producto, sino la tecnología. Mercadona ha prescindido de su buscador interno y lo ha sustituido por una herramienta propia basada en Claude Code, con un ahorro estimado de 90.000 €. También se especula con la implantación de sistemas de pago automático (dash carts). Sin embargo, la aplicación para el cliente sigue siendo inexistente: no hay tickets digitales, puntos ni ofertas personalizadas, lo que contrasta con la modernización de procesos internos. Algunos ven aquí una contradicción: se invierte en IA para ahorrar costes, pero se descuida la experiencia digital del usuario. Otros defienden que el cambio es gradual y que solo se aplica a tiendas concretas; si falla, se rectificará.
El pasado como clave
No es la primera vez que Mercadona da un volantazo. En su día pasó de vender primeras marcas a imponer su propia marca blanca, y eliminó productos que no cumplían su estándar de rentabilidad. Muchos clientes lamentan la desaparición de artículos populares (arroz negro, alitas picantes, helados de vainilla). La compañía parece actuar sin dogmas, pero también sin miramientos: lo que no vende lo suficiente, desaparece. La pregunta que queda abierta es si el nuevo modelo, diseñado para un consumidor que no cocina y no tiene tiempo, canibalizará la base tradicional de clientes que buscan frescos y atención personalizada.
La estrategia de Roig divide: unos lo ven como un adelantado a la 'panchitización' y la comida rápida low cost; otros, como un fenicio que reduce el supermercado a un expendedor de plástico. El tiempo dirá si el 30% de cuota se mantiene o se resquebraja.
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