Urea a más de 1.000€ por tonelada y fosfórico que no aparece
La primavera se ha abierto con los tres macronutrientes de la agricultura —nitrógeno, fósforo y potasio— tensionados al mismo tiempo, según los mensajes del debate. En las zonas arroceras, el abono disponible ronda los 1.000 euros por tonelada cuando se encuentra. En paralelo, el ácido fosfórico que alimenta los sistemas de riego por goteo escasea. Esa escasez choca de frente con una distribución que se niega a pagar más por la cosecha.
La urea 46: de 480 euros la tonelada a más de 1.000
El nitrógeno arranca del gas natural. Sin gas no hay amoníaco, y sin amoníaco no hay urea. Ese es el nudo del asunto. Según un participante que cita precios, la urea 46 pasó de 480 euros por tonelada en 2024 a una subida hasta 800 en 2025, una corrección posterior y, ahora, más de 1.000 euros con dificultades para encontrarla. A eso se suma el gasoil, con incrementos que se cifran en 40 céntimos por litro, más cotizaciones y mantenimiento.
En el arroz valenciano, según ese mismo participante, se maneja un compuesto 40-10-0 a un entorno de 1.000 euros por tonelada, y el fosfórico para goteo no aparece.
Sin azufre del Golfo no hay ácido fosfórico
El azufre que se obtenía como subproducto de la extracción de petróleo en el Golfo Pérsico es la materia prima del ácido sulfúrico, y ese ácido es imprescindible para atacar la roca fosfatada y convertirla en fosfato aprovechable por la planta. Roca con roca no fertiliza: hace falta el baño ácido. Si el azufre escasea, el fósforo se queda a medio camino.
A esto se añade el origen de la propia roca. Hay quien sostiene que Marruecos extrae fosfatos del Sáhara Occidental, en la mina de Fos Bucraa, y que una cinta transportadora acaba en el mar. En el debate se vincula ese origen con la dependencia exterior del fósforo agrícola.
El camionero del AdBlue y el agricultor hacen la misma cola
La urea no solo alimenta plantas. El AdBlue que necesitan los camiones diésel sale de la misma molécula, del mismo amoníaco, del mismo gas. Cuando el gas se encarece y el amoníaco escasea, transportistas y agricultores compiten por el mismo producto. La ecuación es brutal en su simpleza: menos gas, menos amoníaco, menos urea para todos.
¿Habrá racionamiento de alimentos en Europa?
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha dejado abierta esa puerta en una intervención ante la asociación de bancos alemanes, ligando el escenario a las tensiones en los mercados energéticos y de materias primas.
El escepticismo, sin embargo, es igual de rápido. Hay quien no se cree que la economía mundial se detenga por lo que ocurra en el estrecho de Ormuz, y hay quien recuerda que los avisos apocalípticos sobre desabastecimiento total llevan años repitiéndose sin cumplirse. La discusión se parte entre quienes ven un racionamiento encubierto —lineales medio vacíos y precios que hacen el resto— y quienes sostienen que el sistema aguanta golpe tras golpe.
Potasa sancionada y proteccionismo en China y Rusia
El tercer macronutriente tiene su propio problema. Parte de la potasa europea procede de Bielorrusia, sometida a sanciones. Y a eso se suma el movimiento de los grandes productores: se argumenta que China y Rusia han parado totalmente las ventas de fertilizantes para priorizar el abastecimiento interno, un proteccionismo que reduce aún más el escaso volumen que llega al mercado libre.
El cierre se atasca exactamente aquí. La tesis del colapso alimentario tiene un contrapeso incómodo: los molinos arroceros lo están pasando mal para sobrevivir porque las plataformas de distribución aprietan, y, según un participante, el arroz largo se paga 20 céntimos por kilo menos que hace seis meses. Es decir, el coste se dispara por arriba y el precio se hunde por abajo. Con esas tijeras, la pregunta no es si habrá hambre, sino cuántos productores aguantan la próxima campaña antes de dejarlo.