El eclipse inclusivo de RTVE choca con las listas de espera de 14 meses
¿Qué puede tener de inclusivo un eclipse? La pregunta ya circula antes incluso de que se apague la luz. La radiotelevisión pública ha anunciado que retransmitirá el fenómeno con un enfoque «inclusivo», y la reacción no se ha hecho esperar: el anuncio se ha topado con una catarata de ironías que va de la perspectiva de género a lo «pet friendly».
La lista de adjetivos oficiales suma y sigue: inclusivo, sostenible, resiliente y, según las ocurrencias, también «pet friendly». Pero ningún calificativo convierte a un fenómeno natural en una política pública. Lo que sí es política pública es el dinero que cuesta la retransmisión, y el contraste con la sanidad resulta demoledor: mientras se prepara el dispositivo para no perder detalle del eclipse, las citas de oftalmología se otorgan, en según qué servicios de salud, a 14 meses vista.
La especulación de que el presidente podría desplazarse en Falcon hasta Guadalajara para contemplar el evento ha sido la puntilla. No hay confirmación oficial, pero el simple hecho de que se considere verosímil dice más de la gestión de lo público que cualquier adjetivo. Hay quien, en clave de humor, ha propuesto rebautizar el eclipse como «ecl» o «ecli» para que él, elle o ella decida. A este paso, el único que no opina será el astro.
Al final, el eclipse tapará el sol durante unos minutos. El resto, lo que molesta de verdad, seguirá ahí: en las listas de espera, en los presupuestos, en la factura de una televisión que no sabe si retransmitir astronomía o vender humo.