Rusia recortará 500.000 barriles diarios con el diésel ya embargado
Rusia va a dejar de bombear 500.000 barriles diarios a partir de marzo. El recorte se vendió desde Moscú como una decisión soberana para no malvender el crudo, pero el medio ruso
Komsomólskaya Pravda lo cuenta de otra manera: la demanda de gasóleo ruso se ha hundido desde que la UE activó el embargo sobre los derivados del
petróleo el 5 de febrero. El crudo ruso de máxima calidad, el que mejor se cotiza, se ha quedado sin su mercado natural. La duda ya no es si habrá recorte, sino si en marzo seguirán colocando el barril con descuento y aparecerá una excusa nueva.
Qué significan 500.000 barriles diarios menos
La cifra, en frío, es un 5% de la producción rusa: se pasa de 10,5 a 10 millones de barriles diarios. El cálculo que circula en la conversación es directo: 500.000 barriles por 60 dólares son
30 millones de dólares menos al día. Si el descuento sobre el crudo ruso es mayor —y se admite que llega al 35% para China e India—, la resta crece.
Frente a eso aparece la réplica del precio. El solo anuncio movió el Brent unos
3 dólares por barril y la gasolina en España ya está a 1,63 euros. Si el crudo sube, el recorte de volumen se compensa en parte con un ingreso unitario mayor. El pulso está justo ahí: cuánto cae el volumen y cuánto sube el precio.
Por qué el embargo al diésel está detrás del recorte
La explicación que se impone en los medios rusos es que las empresas no pueden redirigir todo el producto a otros mercados. El gasóleo se queda sin comprador europeo y no hay destino alternativo a corto plazo para esos volúmenes. El recorte, en ese sentido, sería menos una jugada que una consecuencia.
La ruta que sí funciona pasa por terceros países.
Un millón de barriles diarios de crudo ruso llega a India, se refina allí y vuelve a Europa convertido en producto terminado. Antes de la guerra ese mismo barril se compraba aquí al lado; ahora da una vuelta al mundo antes de regresar. India se queda la diferencia. Para Moscú es una salida con margen recortado; para Bruselas, un agujero en su propio embargo.
Los ingresos caen y el rublo se debilita
Los datos que se manejan apuntan en la misma dirección. En enero de 2023 los ingresos rusos cayeron un
35% interanual, los gastos subieron un
59% y solo lo recaudado por petróleo y gas bajó un
46,4%. Ese desplome cubre ya buena parte del déficit previsto para todo el año.
A eso se suma el rublo. En la sesión del 9 de febrero, la divisa rusa se debilitó y el dólar superó los
73 rublos y el euro los
78, niveles que no se veían desde finales de abril del año anterior. Nadie vende oro ni reduce a la mitad su principal fuente de ingresos cuando las cuentas van bien.
El efecto en el precio y en el bolsillo europeo
Aquí el análisis se tuerce. Arabia Saudí ya había recortado dos millones de barriles meses antes y no movió un dedo para compensar. Estados Unidos tiene sus reservas estratégicas en mínimos de cuarenta años, después de haberlas vaciado para contener el precio. Con ese margen agotado, cualquier recorte adicional se nota en el surtidor.
El ganador evidente de este descosido energético no está en la UE. Noruega, productor fuera del club, se está beneficiando del hueco que deja el crudo ruso en el mercado europeo. Mientras, el continente pierde competitividad y paga la factura energética más alta.
De la guerra del petróleo al reparto del PIB mundial
El recorte ruso es la punta de un cambio mayor que se cuela en la conversación a medida que pasan los meses. Estados Unidos pesaba la mitad del PIB mundial en 1950; hoy ronda el
25%. La UE, en su conjunto, tiene un PIB similar al de China, cuando a comienzos de los 2000 España sola tenía más que el gigante asiático.
El eje económico se desplaza hacia Asia-Pacífico. Y hay un detalle que resume la paradoja: el
60% del IBEX 35 está en manos extranjeras, con BlackRock y Vanguard a la cabeza. La soberanía de la que se habla en los discursos tiene dueños muy concretos en el accionariado.
El cierre queda abierto por necesidad. Los datos permiten medir el daño en la caja rusa y el impacto en el precio europeo, pero no deciden cuánto aguanta Moscú sin abrir los grifos del todo, ni cuánto tarda la UE en sustituir el diésel que hoy sigue entrando, refinado, desde India. Ahí se atasca el análisis.