AfD marca el 22% y su ascenso ya no cambia quién gobierna
AfD ha escalado hasta el
22% de intención de voto en los sondeos alemanes y ya se coloca como segunda fuerza, en empate técnico con la CDU y por delante de la socialdemocracia. El dato, que en España se leería como un vuelco, en Alemania tiene truco: el sistema de coaliciones está montado para que ese porcentaje no se traduzca en poder. Es la paradoja que recorre todo el análisis del auge de la ultraderecha alemana. Sube. Y da igual.
Lo llamativo es que los últimos sondeos dejan solo dos movimientos claros.
AfD sube y el
SPD se hunde; el resto de partidos se mueve sobre una línea casi plana. Los Verdes, pese a su perfil belicista, aguantan; la CDU repunta; los liberales se desinflan. Die Linke sigue clavada en el umbral del
5% sin terminar de caer. Sumando socialistas, comunistas y verdes, el bloque de izquierdas ronda el
45%, una cifra que basta para cerrarle la puerta a cualquier aventura parlamentaria de la derecha radical.
No, AfD no es el Vox alemán: ni es lo mismo ni se comporta igual
La comparación con Vox es la primera que aparece y la primera que se rompe. Hay quien sostiene que AfD es bastante más radical que la formación española, y quien recuerda que Vox ni es prorruso ni encaja con el perfil que se atribuye al partido alemán. La diferencia de fondo está en el eje exterior: AfD lleva años defendiendo la amistad con la Rusia de Putin y un proyecto de Europa de estados fuertes, sin dependencias externas.
Dentro del partido, esa línea ha ido ganando terreno a costa de los suyos. Durante los últimos tres o cuatro años AfD arrastró una guerra interna entre el ala liberal y el conjunto conocido como
Flügel, que está bajo vigilancia del servicio secreto alemán por extremismo. Según el relato que se maneja, este último año los liberales han desaparecido y el partido se ha quedado con el ala dura al mando. El resultado es una formación en plena mutación ideológica, no un bloque consolidado.
El programa de AfD: menos parlamento, menos euro y referéndum sobre la moneda única
El programa oficial, disponible en la web del partido, no es un folleto de dos páginas. Entre los puntos que la formación destaca aparecen la separación de poderes, la limitación de la influencia de los partidos, la reducción del parlamento, el recorte de los lobbies, la persecución del malgasto de dinero público y la restauración de competencias de los estados miembros frente a Bruselas.
El punto que más ruido genera es el del euro: AfD plantea un
referéndum sobre la moneda única y la salida de bancos extranjeros, es decir, tocar parte del andamiaje financiero que sostiene la eurozona. Hay quien añade a esa lista la pensión privada para los parlamentarios y los límites a los políticos de carrera. La parte que incomoda no es el detalle, sino el marco: un partido que discute la arquitectura europea desde dentro del sistema. El desglose completo de esos puntos, traducido apartado por apartado, es donde se ve de verdad qué propone la formación.
¿Por qué AfD no gobernará aunque gane? El bloqueo que sí funciona
Porque el resto de partidos se coaligará para dejarla fuera. Ese es el diagnóstico que domina. Para gobernar, AfD necesitaría mayoría absoluta, algo que no está en ningún escenario sobre la mesa. Y no es una hipótesis teórica. En 2020, un pacto entre AfD y los liberales en
Thüringen desató una crisis política que se cerró en cuestión de días, y la lectura que quedó fue que la democracia alemana había estado a punto de cruzar una línea que no debía cruzarse.
Más allá de los pactos, la crítica de fondo es otra: el voto pesa poco en las decisiones grandes. Se cita a la ministra de Exteriores verde, Annalena Baerbock, y su declaración de que la opinión de sus votantes sobre Ucrania le daba exactamente igual, sin que eso le costara el cargo. La conclusión que se extrae es amarga: la política exterior y la guerra se deciden en otra instancia, y el gobierno que caiga lo hará cuando toque, no cuando lo pida el electorado. «Da igual que se coloque como primera fuerza», resume esa posición.
Alemania del Este y el votante de fábrica: dónde crece de verdad la ultraderecha
El ascenso de AfD no se reparte por igual. La lectura más matizada avisa de que el votante conservador de la CDU es moderado, pasa de provocaciones y prefiere estabilidad, así que en las regiones potentes la formación radical rasca poco. Su terreno es el Este, donde el desencanto tiene más recorrido y el partido puede crecer sin techo a la vista.
El contrapunto llega desde dentro: AfD se nutre sobre todo de obreros y técnicos alemanes de fábrica, votantes de toda la vida que han cambiado de siglas. Gente incómoda de tener cerca, se reconoce, con el matiz de que quien está en el país es ella y no el partido. También se apunta en su haber lo que hizo bien: votó contra la vacunación obligatoria de covid, mientras liberales y verdes votaban a favor.
Las cuentas europeas: FPÖ, Le Pen y Chega apuntan al mismo viento
El caso alemán no es un islote. En Austria, el FPÖ lidera ampliamente las encuestas. En Francia, Le Pen aparece en disposición de ganar la presidencia. En Portugal, el desastre socialista abre una mayoría de derechas con Chega en torno al
15%. La ultraderecha europea no sube en un país: sube en el mapa.
Aquí conviene una advertencia sobre las cifras. Los
22% corresponden a una encuesta de febrero; la del mes siguiente coloca a AfD segunda, superando a la socialdemocracia y en empate técnico con la CDU. Y el propio relato de los
máximos históricos tiene matices: en 2018 hubo sondeos que le daban el
18%, con lo que el techo no es tan nuevo como se presenta. Lo nuevo es la normalización de que un partido vigilado por el servicio secreto aspire a gobernar la primera economía de Europa.
El marco histórico del que nadie se pone de acuerdo
Una parte de quienes siguen el asunto enmarca todo esto en una lectura larga de la historia, que va del Tratado sobre el Acuerdo Final respecto a Alemania —firmado por las dos Alemanias, la URSS, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia— a la tesis de que el país sigue ocupado desde 1945 y de que un gobierno que se saliera del guion se toparía con la OTAN. La afirmación de que Estados Unidos sigue técnicamente en guerra con Alemania por no haberse firmado la paz forma parte de ese relato, igual que las listas de supuestas operaciones de bandera falsa o el destino del oro del Banco de España. Es material para una polémica histórica que no se cierra y que, en buena parte, se sostiene sobre la repetición y no sobre documentación verificable.
La predicción más razonable, y la más aburrida, es que AfD siga sumando votos y siga sin tocar el gobierno: el bloqueo aguanta mientras el resto de partidos sume. La duda es cuánto resiste ese muro si el partido entra en gobiernos regionales del Este y las encuestas siguen moviéndose. Ponerle fecha a esa ruptura es lo que nadie se atreve a hacer.