Desigual retira su anuncio contra la gentrificación en Barcelona tras la polémica
Desigual ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: provocar y retirarse. La marca de moda lanzó una campaña que criticaba la gentrificación en Barcelona, las redes ardieron y el anuncio desapareció. La pregunta es si fue un error o una estrategia deliberada.
Qué decía el anuncio y por qué molestó
La campaña ponía el foco en la gentrificación, el proceso por el que barrios populares se transforman por la presión turística y la subida de precios, expulsando a los vecinos originales. En Barcelona, este fenómeno es especialmente sensible: el alquiler se ha disparado y el turismo masivo ha convertido zonas enteras en escaparates para visitantes. Que una marca de moda se meta en ese terreno era, cuando menos, arriesgado.
La reacción no se hizo esperar. El anuncio se difundió, se criticó y acabó retirado. Pero el mensaje ya había viajado. Hay quien sostiene que esa era la intención: provocar, recoger el revuelo y desaparecer, dejando la idea instalada en la conversación. Es el viejo patrón de la provocación como estrategia, lo que algunos llaman disidencia controlada.
El patrón Gillette: cuando la marca escupe a sus clientes
No es la primera vez que una marca se enemista con su propio público. Gillette lo hizo con una campaña sobre la masculinidad que muchos compradores interpretaron como un ataque a su propia base. El resultado fue un debate enorme y, según cómo se mire, un éxito de visibilidad o un desastre de ventas.
En el caso de Desigual, la duda es si el público objetivo de la marca —un nicho que no suele estar en el centro de la guerra cultural— perdona una broma sobre su ciudad. El anuncio ya no está, pero la conversación sigue. Si el objetivo era que se hablara de Desigual, lo han conseguido. Si era vender más, la historia de Gillette sugiere que la provocación no siempre paga.
Eso sí: la marca tendrá que decidir si su nicho de clientes perdona una broma sobre su propia ciudad. Por ahora, la única certeza es que el anuncio desapareció. Y que el mensaje, como suele pasar, se quedó.