El título de vigilante: 500 euros por libre o 1.500 por academia
Un sector que sus propios trabajadores describen como un saco de boxeo mueve un negocio colateral: la formación para entrar en él. Sacar la Tarjeta de Identificación Profesional (TIP) de vigilante de
seguridad cuesta unos
500 euros por la vía oficial de convocatoria o entre
1.300 y 1.500 euros pasando por una academia privada. El carné final es idéntico. Las condiciones que se encuentran después, también: turnos que destrozan el sueño y una retribución que ronda los
10,93 euros brutos la hora.
El primer dato descoloca: el título nunca fue un ciclo formativo. Consiste en un curso de unas horas seguido de un examen teórico tipo test y una prueba física. La ruta barata obliga a empaparse el temario de golpe y a presentarse en convocatoria pública. La ruta cara mete al alumno en una academia con convenio que le examina internamente, con una exigencia física mínima o, según algunos relatos, directamente sin ella. Mil euros de diferencia para acabar en la misma caseta de seguridad.
¿Aprueba la academia a todo el que paga?
El recelo apunta al incentivo económico. Una academia que cobrara cerca de 2.000 euros y suspendiera a su alumnado se quedaría sin clientes en cuanto corriera la voz por los servicios donde esos alumnos acaban currando. De ahí la sospecha de que
se compra el título tanto como se estudia, y de que a esas aulas llega gente sin condiciones reales para el puesto.
Quien defiende la convocatoria libre responde que ahí también se cae, y que cada suspenso obliga a pagar otra matrícula. El negocio, en cualquiera de los dos caminos, no está en formar: está en cobrar.
El curso que quiere convertirse en FP de grado medio
El ministerio habría puesto en marcha un título de Formación Profesional de grado medio específico para vigilante de seguridad, recogido por la prensa gallega. La reacción no fue entusiasta. Hay quien calcula que un grado medio se cursa en un año y que la dirección de seguridad acabará siendo la FP superior, hoy impartida como curso de especialización universitario. Otros ven en dos años de aulas un peaje desproporcionado para un oficio que alguien aprendió en dos meses de curso intensivo.
A favor juega un argumento distinto: en sedes corporativas ya se exige inglés y ofimática, con un B2 como mínimo para determinados puestos. Elevar la formación serviría, según esta lectura, para pedir subidas con más fuerza.
Cuánto se cobra y qué complementos cambian la nómina
El sueldo base se sitúa en
10,93 euros brutos la hora, una cifra que uno de los foreros califica de subida considerable. A partir de ahí, los extras mueven el mes: un plus de idiomas de unos
150 euros, un plus de bienvenida de alrededor de
600 euros y, en algunos hoteles, la comida gratis.
La letra pequeña es que en Madrid, según se sostiene, un
40% de los puestos podrían calificarse como administrativos, y no todos requieren la misma planta ni la misma exposición al conflicto.
Turnos, compañeros y empresas que no pagan
Del otro lado están los servicios conflictivos —centros comerciales, eventos, discotecas—, donde el desgaste físico y emocional se dispara. La queja recurrente incluye a los propios compañeros, poco dispuestos a asumir los turnos impuestos, y a empresas señaladas por retrasos o impagos. Se menciona el caso de una firma de seguridad con problemas de nóminas y, según quienes afirman conocerla, con deudas que pueden superar los
3.000 euros por trabajador. Es una acusación sin verificar y conviene tratarla como lo que es: un testimonio.
También se apunta a la falta de respaldo institucional cuando un vigilante recibe una agresión. Frente a un policía, que puede escaquearse, el vigilante no tiene margen para eludir el encontronazo. Para algunos, aguantar años en esto es vocacional o no es.
¿Sirve el TIP español para trabajar fuera de España?
Entre los planes de salida aparece Andorra, elegida por quien busca un título de obtención rápida. La duda sobre si el carné español vale allí o en Francia no queda resuelta: nadie aporta una respuesta firme. Lo que sí se advierte es que sin idioma y sin experiencia, embarcarse en un país nuevo es arriesgado, y que la primera barrera es tan básica como firmar un contrato o ir al médico sin hablar la lengua.
Para otros destinos europeos, la recomendación pasa por buscar ofertas a través de la red pública de empleo y por llevar un colchón suficiente para aguantar los primeros meses.
Con el sueldo apretado, la formación encareciéndose y un título que cuesta lo mismo comprar que estudiar, la pregunta no es si conviene sacarse la TIP. Es a quién le sale a cuenta que la gente siga sacándosela.