Ammous sitúa al bitcoin por encima del patrón oro
¿Puede una moneda sin Estado, sin banco central y sin lingotes sustituir al oro como ancla monetaria mundial? Saifedean Ammous, profesor de Economía en la Universidad Americana del Líbano y autor de «El Patrón Bitcoin», sostiene que sí. En una entrevista publicada por Libre Mercado, el economista libanés afirma que el bitcoin es «una alternativa superior» al patrón oro, aunque mantiene que este último fue «el mayor logro de la humanidad en el campo de la economía». La tesis no es nueva, pero el envoltorio sí: un académico que se declara ex entusiasta del oro y que ahora defiende un activo digital con 21 millones de unidades como techo.
El argumento central de Ammous es logístico, no ideológico. El oro es físico, y eso obliga a asegurarlo, transportarlo y protegerlo, lo que históricamente empujó su gestión hacia la centralización. Los gobiernos acabaron controlando el mercado monetario porque controlaban las bóvedas. El bitcoin, en cambio, es digital y su oferta está limitada por código, no por la voluntad de un banco central. Ahí está el gancho: descentralización monetaria como principio rector, en línea con la crítica de Nassim Taleb —prologuista del libro— a los sistemas donde nadie se juega nada.
Qué dice Ammous sobre el patrón oro y Hayek
Ammous no reniega del oro. Lo sitúa como el gran logro monetario de la humanidad y recuerda que el siglo XIX, con el patrón oro en vigor, fue un periodo de paz y libertad económica que coincidió con muchas de las grandes invenciones modernas. Pero insiste en que ya no es la mejor forma de organizar el sistema. Su referencia intelectual es Friedrich Hayek, quien en los años 80 temía que nunca volviéramos a tener dinero fuerte y dejaba abierta la puerta a un sistema paralelo. Para Ammous, esa innovación es el bitcoin: incorpora la limitación de oferta y la universalidad de precios del oro, pero añade factores del siglo XXI.
El autor también descarta los experimentos de dolarización como los de Ecuador o Panamá. Reconoce que allí han conseguido un buen manejo de la divisa renunciando a la política monetaria propia, pero recuerda que el dólar sigue en manos de la Reserva Federal. Es una alternativa mejor, dice, pero «lejos de ser una solución verdadera».
La confiscación: el punto donde el consenso se rompe
El asunto que más tensión genera es la supuesta inconfiscabilidad del bitcoin. Un sector del análisis sostiene que las claves privadas se pueden memorizar o esconder en papel, y que ningún juez puede apropiarse de lo que no encuentra. Frente a eso, hay quien recuerda que la policía ha incautado bitcoins en operaciones reales, y que eso solo es posible si el titular entrega las claves o si se localizan en un soporte físico. La discusión deriva en un matiz técnico: confiscar no es lo mismo que perder las claves o entregarlas voluntariamente bajo presión. La línea entre una cosa y otra es más fina de lo que ambos bandos admiten.
El bitcoin chino y la dependencia eléctrica
Otro frente abierto es la concentración geográfica del «hash». Los datos disponibles en el momento de la discusión situaban más del 80% de la capacidad de minado en
China, lo que para los críticos convierte al bitcoin en un activo vulnerable a decisiones políticas de Pekín. Los defensores responden que la red se ha enfrentado ya a ataques internos de mineros y ha sobrevivido, y que el gobierno chino todavía no ha tenido incentivos para atacarla. El debate sigue abierto.
A esto se suma la dependencia de internet y de la energía eléctrica. Un pulso electromagnético, argumentan algunos, podría dejar a un titular sin acceso a sus fondos. La respuesta técnica es que basta con la semilla de recuperación —doce palabras— para restaurar la cartera en cualquier dispositivo. El papel de plata y la caja de Faraday aparecen en la conversación como medidas caseras de protección.
¿Es el bitcoin una moneda o un activo especulativo?
La objeción más repetida es que el bitcoin puede tener valor, pero no es una moneda en el sentido del euro o el dólar. No sirve para pagar impuestos, no está ligado al Estado y su capacidad técnica para soportar el volumen diario de transacciones es limitada. Los defensores replican con una analogía: decir que el bitcoin no puede con el volumen actual es como decir en 1900 que el automóvil es una porquería porque va a 5 km/h. La diferencia, contraargumentan los escépticos, es que muchas marcas de automóviles desaparecieron, y quien tuviera acciones de la equivocada no vio un real.
La volatilidad es otro punto de fricción. El propio Ammous reconoce que no es buena noticia que el precio del bitcoin fluctúe tanto, porque el dinero debe servir para preservar valor, pero confía en que el largo plazo asiente la tendencia. La fe, en cualquier caso, no es un activo.
Con estas piezas sobre la mesa, la pregunta no es si el bitcoin es mejor o peor que el oro. Es si alguien sabe hoy qué significa exactamente «mejor» cuando se habla de dinero.