Sánchez asfixia a la Casa Real al no presentar Presupuestos
El Gobierno de Pedro Sánchez está utilizando la ausencia de Presupuestos Generales del Estado como un arma política contra la Casa Real, según las críticas que circulan en el debate público. La Constitución asigna al rey funciones de arbitraje y moderación, que incluirían velar por el funcionamiento regular de las instituciones, como la presentación anual de los presupuestos. Sin embargo, Felipe VI no ha llamado la atención al Ejecutivo por esta omisión, lo que ha generado reproches sobre su papel.
Mientras tanto, los gastos de la Casa Real siguen bajo escrutinio: un vuelo del Falcon de Madrid a Santo Domingo cuesta alrededor de 250.000 euros, según datos no oficiales. En este contexto, la falta de presupuestos obliga a la institución a tirar de ahorros pasados, lo que ha desatado ironías sobre posibles recortes en el menú diario.
El conflicto constitucional detrás de la asfixia presupuestaria
Varias voces señalan que el rey debería intervenir para garantizar que el Gobierno cumpla con la presentación de las cuentas anuales, una de sus funciones constitucionales. La inacción de Felipe VI es vista por algunos como un incumplimiento que justificaría incluso la supresión de su salario. Por otro lado, hay quienes consideran que el verdadero problema es la estrategia de Sánchez de no presentar presupuestos para presionar a la monarquía, en un pulso que trasciende lo económico.
El coste real del Falcon y los ahorros del abuelo
La mención a los vuelos del Falcon del Ejército del Aire, con un coste estimado de 250.000 euros por trayecto Madrid-Santo Domingo, ha reabierto el debate sobre la transparencia y el gasto de la Casa Real. Algunos comentarios apuntan a que la familia real podría recurrir a los ahorros del rey emérito Juan Carlos I para mantener su tren de vida, mientras otros ironizan sobre la necesidad de reducir caprichos.
Si el bloqueo presupuestario continúa, la Casa Real podría verse forzada a ajustar sus cuentas, aunque el verdadero pulso es político. La pregunta abierta es si el rey terminará por ejercer su función moderadora o si Sánchez forzará el límite de la partida presupuestaria real.