Un Falcon y un Super Puma para una visita en un pueblo de Huelva
¿Cuántos vehículos hacen falta para llevar a un presidente del Gobierno a visitar una factoría cultural en una localidad onubense? A la comitiva se suman el Falcon presidencial y un Super Puma para cubrir el tramo hasta La Rábida. El convoy arrancó a las 12:00 horas desde las instalaciones de Moeve y se desplazó después hasta San Juan del Puerto.
Qué mueve un desplazamiento presidencial por provincia
El asunto no es solo la comitiva. Es el conjunto: avión oficial, helicóptero y una caravana terrestre que obliga a cortar calles y apostar agentes de uniforme y de paisano en cada esquina antes de que el vehículo en el que viaja el presidente pase, literalmente, en unos segundos. Quien lo ha visto de cerca lo describe como un despliegue exagerado.
En contra pesa otro dato recurrente que varios participantes repiten: la sensación de que el nivel de blindaje crece cada año sin que nadie explique por qué.
El helicóptero VIP que se tapizó con 25.000 euros
Según una información citada por un participante, el Gobierno gastó 25.000 euros en tapizar el helicóptero vip que utilizan el Rey y el presidente. La reforma incluye diez asientos de piel natural, moqueta de lana y la renovación de paneles y techos.
El relato de la austeridad institucional convive mal con la piel natural y la lana.
Lo que cuesta cortar una calle entera
Un participante describe la escena en Madrid: decenas de agentes, arterias principales cerradas con antelación y entre 20 y 25 minutos de tráfico cortado para que pase una comitiva completa. Otro participante cuenta que en un barrio obrero un operativo similar —sin presidente, solo un vídeo de campaña— obligó a vaciar con grúa 45 coches de una calle de 105 metros.
Con estos precedentes, que una visita oficial mueva una comitiva con el Falcon y un Super Puma no sorprende. Y eso, precisamente, es lo preocupante.
Si el despliegue sirvió para vender cercanía, habría que preguntar a quién: a los vecinos con la calle cortada o a los dos autobuses que, según el relato de un vecino, alguien colocó una hora antes para que la televisión grabara aplausos.