Brandon Sanderson, el autor que parte a sus lectores en dos
El último escéptico ante Brandon Sanderson acaba de sentarse con el primer tomo de su saga más famosa. Llega con prejuicio confesado: espera literatura juvenil de relleno y conoce a la “borregada” que lo idolatra. La respuesta de su entorno es directa: “ya tienes una edad”.
La conversación sobre el autor lleva años dividida. Hay quien lo descarta por su condición de mormón practicante; otros admiten que tiene buenas ideas, pero que sus libros están llenos de paja. La cifra que dispara las quejas es el tocho de 1.200 páginas: hace años se leía en dos semanas, ahora se necesitaría medio año. El retorno de la inversión lectora baja en picado con la edad.
La acusación más gruesa apunta a un método industrial: varios escritores fantasma encargados de las líneas de cada personaje y luego “pegado como puede”. Comparado con las novelas del oeste de los 70, Sanderson rellena sus mundos y solo el 20% de la trama importa. Aun así, se le reconoce talento para la construcción de historias.
El asunto se atasca donde siempre: si un autor vende millones y crea universos, ¿se perdonan los pasajes que sobran? Mientras unos reclaman su tiempo, otros responden que nadie obliga a leerlo. El escéptico inicial tendrá que decidir tras unos cuantos capítulos.