Un foro sostiene que hay 2 millones más de contagios entre los vacunados
En un hilo de foro, varios participantes afirman que existe una cifra oficial, filtrada en abril de 2025, que dejaría un saldo incómodo:
2 millones más de contagios entre los vacunados que entre los no vacunados. No es un titular de un medio marginal, sostienen. Es un dato que, según ellos, el propio sistema sanitario habría puesto sobre la mesa y que desmontaría la pieza central del relato: la vacuna no frenaba el contagio. La pregunta que plantean ya no es si la vacuna funcionaba, sino por qué se compraron
146 millones de dosis adicionales después de saberlo.
El asunto no es nuevo, según estos foreros. Desde 2021, los propios ensayos y los datos de farmacovigilancia mostraban que la protección frente a la transmisión era limitada y decreciente. Pero la maquinaria oficial siguió adelante: dosis de recuerdo, pasaportes COVID, presión social y una campaña que convirtió la no vacunación en una rareza estadística. Ahora, con la cifra encima de la mesa, la pregunta es qué se hace con la responsabilidad. Nada, por lo que se ve.
Qué significa realmente el dato de los 2 millones
El dato, tal como se ha conocido, compara el número de infecciones registradas entre personas vacunadas y no vacunadas. El resultado es que
hay 2 millones más de contagios entre los medicados. La lectura inmediata es que la vacuna no solo no impedía el contagio, sino que la población vacunada —mayoritaria— concentraba la mayor parte de las infecciones. Es lo que los críticos llevan diciendo desde el principio:
si te vacunas, te contagias igual; si no te vacunas, la probabilidad de que te hagan un test es menor.
Hay una explicación técnica que los defensores de la vacunación esgrimen: la población vacunada era mucho mayor, por lo que es lógico que acumulara más contagios. Pero esa explicación se cae, según los críticos, cuando se compara con los datos previos a la vacunación, cuando los no vacunados eran mayoría y los contagios se concentraban en ellos. La proporción se ha invertido. Y no por arte de magia.
El problema de fondo es metodológico. Los test diagnósticos se hicieron de forma masiva entre ciertos grupos —sanitarios, viajeros, personas con síntomas— y menos entre otros. Los no vacunados, además, tendían a evitar los circuitos oficiales de testeo. Eso sesga cualquier comparación. Pero incluso asumiendo ese sesgo, la cifra oficial es la que es, afirman:
2 millones más de contagios entre vacunados.
Por qué se compraron 146 millones de dosis después
La compra de 146 millones de dosis adicionales, conocida después de que la cifra de contagios estuviera sobre la mesa, es el otro gran punto del asunto. Si la vacuna no evitaba el contagio, ¿para qué se seguía comprando? La respuesta oficial es que reduce la gravedad. Pero esa afirmación también se ha puesto en duda: los datos de hospitalizaciones y muertes muestran que la protección frente a la enfermedad grave también decae con el tiempo y con las nuevas variantes.
La compra masiva de dosis se justificó en su momento por la necesidad de mantener la inmunidad de grupo. Pero si la vacuna no bloquea la transmisión, la inmunidad de grupo es un espejismo. Y si no hay inmunidad de grupo, el argumento para vacunar a los jóvenes y a los niños —que apenas corrían riesgo— se desmorona. La pregunta que queda es quién se benefició de esas compras: los fabricantes, sin duda. Los gobiernos, que pudieron exhibir gestión. Y los ciudadanos, que se quedaron con el brazo pinchado y la sensación de haber participado en un experimento sin control.
El papel de los medios y la censura del disenso
Durante meses, cualquier cuestionamiento de la eficacia vacunal fue tildado de negacionismo, según los participantes en el hilo. Los medios alineados con el Gobierno repitieron el mantra de que la vacuna era segura y eficaz, sin matices. Los que osaban preguntar por los efectos adversos o por la falta de datos a largo plazo eran señalados. Ahora, cuando el propio sistema reconoce que hubo más contagios entre vacunados, esos mismos medios guardan silencio o minimizan.
La censura del disenso no fue solo mediática, sostienen. También fue social: perder el trabajo, no poder entrar en un bar, no poder viajar. El pasaporte COVID se convirtió en una herramienta de exclusión para los no vacunados, que eran tratados como ciudadanos de segunda. Todo ello mientras la vacuna no impedía el contagio. La pregunta es si alguien pedirá perdón por eso. La respuesta, por lo que se ve, es no.
Qué pasa ahora con la responsabilidad
Nadie va a dimitir. Nadie va a reconocer que se equivocó, afirman. La maquinaria estatal tiene una capacidad infinita para negar la mayor. Lo que sí está claro es que la confianza en las instituciones sanitarias ha quedado tocada. Y no solo en España: en toda Europa, los movimientos críticos con la gestión de la pandemia han ganado terreno. La pregunta es si eso se traducirá en algo o se quedará en un cabreo pasajero.
Mientras tanto, la cifra sigue ahí, según estos foreros:
2 millones más de contagios entre los medicados. Un dato que no se puede desmentir porque lo ha puesto el propio sistema, aseguran. Y una compra de 146 millones de dosis que nadie explica de forma convincente. La responsabilidad, como siempre, se diluye. Pero el dato queda. Y con él, la sospecha de que todo esto nunca fue solo por nuestra salud.