Debate en foro reabre la figura de Franco y el PSOE
Un hilo de foro sobre un vídeo no identificado en el material ha reabierto el debate sobre el
franquismo y el PSOE. Entre los participantes se sostiene que el régimen de Franco no fue un paréntesis de oscuridad sino un proceso evolutivo que dejó una España en la octava potencia mundial, con vivienda accesible y una administración en manos de técnicos competentes. También se afirma que la izquierda que hoy se llama socialista privatiza, desregula y entrega el país a fondos de inversión y multinacionales. ¿Dónde está la defensa del interés público?
El problema de ese relato es que la memoria es selectiva. Los mismos que aplauden la obra económica del franquismo olvidan que el milagro llegó tras el
Plan de Estabilización de 1959, cuando los tecnócratas tomaron el mando y Franco dejó de ser el caudillo autárquico para convertirse en un gestor que firmaba lo que otros diseñaban. La autarquía de los años cuarenta, con su bloqueo y su escasez, fue un desastre que solo la apertura posterior corrigió.
La vivienda como arma arrojadiza
El argumento que más recorrido tiene es el de la vivienda. Se sostiene que durante el franquismo una familia podía construirse su casa en su terreno por sus propios medios, sin pedir permiso ni pagar coima legal alguna. Hoy, se añade, eso es imposible: el Estado concede la gracia y cobra por ella. La comparación es potente y explica por qué el mensaje cala en un país donde el acceso a la vivienda se ha convertido en el principal factor de desigualdad intergeneracional.
El matiz que falta es que aquel modelo funcionaba en una España rural, con suelo barato y sin presión demográfica. La
reforma agraria que se atribuye al franquismo —los planes de colonización— convirtió al Ejido en ciudad y a la provincia más pobre en la más rica, pero también generó un modelo de propiedad dispersa que hoy dificulta la planificación urbana. Los datos completos, desglosados partida a partida, dan una diferencia que sorprende.
Franco, la Segunda Guerra Mundial y el arte de no entrar
La discusión sobre la neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial es la más rica del intercambio. Frente al relato del Franco genial que engañó a Hitler, hay documentación que apunta a lo contrario: Franco pidió a Hitler territorios coloniales franceses en África, tungsteno y suministros a cambio de entrar en la guerra. Hitler no cedió. La carta que Carrero Blanco envió al dictador era explícita: no entrar en el conflicto si antes el Eje no controlaba Suez. Las respuestas españolas a las urgencias alemanas, con excusas sobre el frío en Gibraltar, están en los archivos.
La frase que resume la estrategia, atribuida a Franco al inicio de la contienda, es que aquello sería una competencia entre los invencibles y los inagotables. Si se entiende esa frase, se entiende todo lo demás. No fue profecía, fue lectura de la realidad.
El PSOE que privatiza y el franquismo que nacionalizaba
El argumento económico central del hilo es que el franquismo intervino en la economía nacionalizando sectores clave, mientras el PSOE ha privatizado y desregulado, generando mayor desigualdad y precariedad. La paradoja es real y tiene recorrido analítico: los regímenes autoritarios de la posguerra europea construyeron estados fuertes, mientras la socialdemocracia actual ha abrazado el consenso liberal. Se argumenta que los que hoy se definen socialistas apoyan al conglomerado armamentístico, a los fondos de inversión y a la gran banca, y desprecian al pequeño trabajador.
El contraargumento es que comparar el franquismo con el PSOE es tramposo: el primero no tenía que rendir cuentas electorales, el segundo sí. Y que la octava potencia mundial se construyó sobre una base de represión política y ausencia de libertades que ningún dato económico compensa.
La inflación y la soberanía monetaria
Hay un punto técnico que merece atención: la inflación. Se sostiene que con Franco había inflación, pero la culpa era del propio Gobierno porque España tenía soberanía monetaria. Hoy la culpa es de Lagarde y del BCE. La distinción es relevante: un país que controla su moneda puede devaluar, ajustar y absorber shocks; uno que no, queda a merced de decisiones ajenas. La diferencia entre Franco y el PSOE, se concluye, no es el socialismo: es que Franco era un patriota y esta chusma vendería a sus hijos por cinco minutos más en el poder.
La conversación deriva hacia el fascismo como categoría. Se argumenta que el fascismo es una ideología de izquierda con marcado nacionalismo, y que en España encajan ERC, Bildu y el BNG. Otros sostienen que Franco no tenía ideología, que era un militar que supo arrimar las ascuas a su sardina y deshacerse de los que quemaban demasiado. Murió en la cama. Con estos mimbres, la predicción es que el franquismo seguirá siendo rentable electoralmente mientras el PSOE lo necesite como espantajo. El problema es que cada vez quedan menos testigos y más memoria inventada.