La profecía de Amós y la llamada a la justicia marcan la liturgia del 1 de julio
El miércoles 1 de julio, la Iglesia católica propone en su liturgia un pasaje del profeta Amós que golpea con fuerza: «Que fluya como agua el derecho y la justicia como arroyo perenne». La primera lectura, extraída del capítulo 5 del libro de Amós, rechaza el culto vacío y exige una ética social concreta. El mensaje, en pleno verano, resuena como una llamada a no olvidar los fundamentos de la fe.
El salmo responsorial es el Salmo 4, y el Evangelio —aunque no se transcribe— es el de la fecha. La homilía corre a cargo del padre Santiago Martín, de los Franciscanos de María, cuyas reflexiones suelen centrarse en la autenticidad de la vida cristiana.
Un mes dedicado a la Sangre de Cristo
El mes de julio está consagrado a la Preciosísima Sangre de Jesús, una devoción que, según se recuerda en la publicación, suele quedar olvidada entre “el calor del verano, inicio de vacaciones y fiestas patronales”. La Sangre de Cristo es presentada como “el precio de nuestra redención” y una de las armas espirituales más poderosas.
La jornada concluye con el rezo del Santo Rosario a las 22:00 horas, y la Santa Misa en directo a las 20:00 horas. Además, se incluye la Coronilla de la Divina Misericordia, idealmente a las 15:00 horas, “hora de la Misericordia”.
Los apotegmas de los Padres del Desierto como complemento
Como contenido adicional, se ofrecen los ‘Apotegmas de los Padres del Desierto’, una colección de dichos de los primeros monjes cristianos, compilada por el jesuita Heribert Rosweyde en el siglo XVII y disponible en línea. Estas sentencias, de gran profundidad espiritual, enriquecen la tradición ascética del cristianismo.
Con estos elementos, la jornada del 1 de julio se presenta como un día de fuerte contenido bíblico y devocional, en el que la justicia y la misericordia son los ejes centrales.