rafabogado
Será en Octubre
A continuación, el Evangelio de hoy viernes y las lecturas:
“ No tengáis miedo ”
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 11-14
Hermanos:
En Cristo hemos heredado también los descendientes de Israel,
los que ya estábamos destinados por decisión
del que lo hace todo según su voluntad,
para que seamos alabanza de su gloria
quienes antes esperábamos en el Mesías.
En él también vosotros,
después de haber escuchado la palabra de la verdad
—el evangelio de vuestra salvación—,
creyendo en él
habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.
Él es la prenda de nuestra herencia,
mientras llega la redención del pueblo de su propiedad,
para alabanza de su gloria.
Salmo de hoy
Salmo 32, 1-2. 4-5. 12-13 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la gloria, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».
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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de la Hna. Águeda Mariño Rico, de la Congregación de Santo Domingo.
Reflexión del Evangelio de hoy
Gratitud, la confianza de los descendientes
El texto forma parte del gran himno con el que comienza la carta a los Efesios. Pablo contempla la historia de la salvación desde la mirada agradecida de quien descubre que todo es gracia. Los creyentes han recibido una herencia en Cristo y han sido marcados con el «sello del Espíritu Santo prometido». En la cultura de la época, el sello indicaba pertenencia, autenticidad y protección. Pablo quiere decir que nuestra vida lleva la huella de Dios y que el Espíritu es la garantía de que su promesa se cumplirá plenamente.Hay una verdad profundamente consoladora en este texto: antes de todo lo que hacemos está lo que Dios hace por nosotros. Antes de nuestras respuestas, de nuestros proyectos y hasta de nuestras fragilidades, está su amor gratuito. Con frecuencia vivimos preocupados por demostrar nuestro valor. Buscamos reconocimiento, eficacia o resultados que justifiquen nuestra nuestro valor. Sin embargo, Pablo nos recuerda que la identidad cristiana no se conquista, se recibe. No somos descendientes porque seamos buenos. Intentamos vivir como descendientes e hijas porque ya hemos sido amados.
Esta convicción transforma la manera de vivir la fe. Deja de ser una carga para convertirse en una respuesta agradecida. Deja de apoyarse únicamente en nuestras fuerzas para descansar en la fidelidad de Dios. La fe madura cuando dejamos de preguntarnos continuamente qué tenemos que hacer para Dios y comenzamos a dejarnos sorprender por lo que Dios ya está haciendo en nosotros. Podemos preguntarnos: ¿desde dónde estoy sosteniendo mi vida, mi fe y mis responsabilidades? ¿desde la confianza o desde la exigencia constante?
También nuestras comunidades necesitan volver a esta verdad. Cuando olvidamos que el Espíritu es el verdadero protagonista aparecen el cansancio, el activismo y la frustración. Cuando recordamos que somos herederos de una promesa renacen la alegría, la esperanza y la libertad. Ya lo decía el Maestro Eckhart: "Si la única oración que dijiste en toda tu vida fue gracias, eso sería suficiente."
Libres para vivir en la verdad
Jesús habla a sus discípulos mientras crece la tensión con quienes rechazan su mensaje. Por eso comienza con una advertencia contundente: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía». La imagen de la levadura es muy expresiva. Una pequeña cantidad basta para fermentar toda la masa. Del mismo modo, la falta de verdad y de coherencia puede infiltrarse poco a poco en la vida de una persona o de una comunidad.Después Jesús enlaza esta advertencia con una llamada insistente a no tener miedo. En realidad, ambas cosas están profundamente unidas. Muchas veces las máscaras nacen del miedo: miedo a ser juzgados, a fracasar, a perder prestigio o a mostrar nuestra fragilidad. Quizá una de las palabras que más necesitamos escuchar hoy sea precisamente esta: «No tengáis miedo». Vivimos rodeados de incertidumbres personales, sociales y eclesiales. Sin embargo, Jesús nos recuerda que nuestra vida descansa en una providencia más grande que nuestros cálculos y preocupaciones.
El centro de este evangelio no es la denuncia, sino la confianza. Jesús llama a los discípulos «amigos míos» y les recuerda que el Padre cuida hasta de los pequeños pájaros y conoce incluso el número de los cabellos de su cabeza. Nada de nuestra vida le es indiferente. La fe no elimina las dificultades ni las incertidumbres. Pero nos permite afrontarlas desde otro lugar. Quien se sabe amado no necesita vivir de las apariencias. Puede reconocer sus límites sin sentirse derrotado. Puede mostrar su verdad sin miedo a perder su dignidad.
La Palabra nos invita hoy a mirar con sinceridad nuestro corazón. ¿Qué miedos condicionan nuestras decisiones? ¿Qué imagen de nosotros mismos seguimos intentando proteger? ¿Qué espacios de nuestra vida necesitan más verdad? El Señor no responde a estas preguntas con reproches, sino con una promesa. Nos asegura que somos valiosos a sus ojos, infinitamente más de lo que nosotros alcanzamos a comprender.
Quien se sabe sellado por el Espíritu y cuidado por el Padre puede vivir con el corazón abierto. Sin máscaras o perfiles inventados. Sin miedo. Con la serenidad humilde de quien ha descubierto que toda su vida está sostenida por el amor fiel de Dios. Y será libre para amar, con sinceridad y verdadera generosidad, como Dios ama.
Fuente: No tengáis miedo
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
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Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
