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Madmaxista
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Hay una guerra dentro de…
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La pugna entre el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y la Dirección Principal de Inteligencia (GUR) se ha intensificado, con acusaciones de violencia y un trasfondo de influencias extranjeras que cuestionan la soberanía del país.
La guerra en Ucrania tiene frentes que no aparecen en los mapas. Uno de ellos, y de los más delicados, se libra en la propia Kiev, en la calle Bankova, donde se alza la administración presidencial. No es un combate de trincheras, sino una lucha por el poder entre los dos principales servicios de inteligencia del país: el SBU, encargado de la seguridad interior, y el GUR, la inteligencia militar dependiente del Ministerio de Defensa. Esta fractura, latente desde hace tiempo, ha emergido de forma alarmante, y conviene separar los hechos verificables de la niebla informativa que la rodea.
En el centro de esta disputa se encuentran dos figuras clave: Kirilo Budánov y Oleksandr Poklad. Budánov, quien lideró la inteligencia militar desde 2020 hasta 2026, es descrito como un hombre cercano a la CIA, con una considerable base de apoyo entre los batallones nacionalistas. A principios de este año, el presidente Zelenski lo reubicó al frente de la administración presidencial, un movimiento que, si bien representa un ascenso, también puede interpretarse como una forma de mantenerlo bajo observación.
Frente a él se alza Poklad, apodado "el estrangulador". Con una dilatada trayectoria en unidades de operaciones especiales y asesinatos selectivos dentro del SBU, Poklad fue nombrado número dos del servicio en enero, consolidándose como una de las figuras más influyentes del país. Su enemistad histórica con Budánov y su alianza con Andrí Yermak, exjefe de gabinete de Zelenski, marcan una clara línea divisoria. El botín de esta contienda no es otro que el control sobre operaciones encubiertas, esquemas de influencia y, crucialmente, la proyección de poder hacia el futuro, una vez que la era Zelenski llegue a su fin.
Los rumores sobre un tiroteo entre agentes del SBU y del GUR han circulado profusamente, alimentados por canales de Telegram. Se habla de agentes desarmados abatidos por el grupo Alfa, de horas de enfrentamientos en barrios de la capital, e incluso de secuestros y torturas. Un canal ucraniano, @rezident_ua, ha sido uno de los principales difusores de estas informaciones, citando fuentes internas que apuntan a que Budánov habría exigido a Zelenski el cese de la presión del SBU sobre los agentes del GUR y se habría opuesto al nombramiento de Poklad como jefe del SBU. Según estas versiones, la declaración pública de Budánov buscaría reafirmar su autoridad, mientras que Poklad habría orquestado la escalada para evidenciar la debilidad de su rival.
Sin embargo, mientras la atención se centra en estos supuestos enfrentamientos, un acontecimiento verificable y de gran calado ha pasado más desapercibido. Mijaílo Fedorov, quien hasta julio ocupó el cargo de ministro de Defensa, anunció recientemente el lanzamiento de una empresa de tecnología militar. El primer gran inversor de esta iniciativa es Alex Karp, consejero delegado de Palantir, la compañía estadounidense especializada en software de inteligencia y análisis de datos de campo de batalla. La ambición es clara: transformar la experiencia adquirida en el conflicto ucraniano en productos destinados a países aliados.
Aquí es donde la narrativa adquiere una dimensión geoestratégica profunda. Lo que se vislumbra no es solo un choque de egos entre servicios de inteligencia, sino un mapa de padrinazgos externos. Se rumorea que Budánov mantiene vínculos con la CIA, mientras que otros actores se asocian con intereses de Londres o las redes de Soros. El caso de Fedorov, ahora anclado directamente al ecosistema de la tecnología de defensa estadounidense a través de Karp, ilustra esta tendencia. Distintas facciones del poder ucraniano, cada una respaldada por patrocinadores extranjeros, compiten por el control del país que emerja de la guerra.
La pregunta fundamental que surge de todo este entramado es perturbadora: cuando los servicios de seguridad de un Estado se disputan el poder interno, y cuando sus futuros líderes se financian y reciben apoyo de inteligencias y corporaciones extranjeras, ¿de quién es realmente la soberanía de ese país? La fractura es innegable, y la dependencia exterior, una realidad palpable.
Hay una guerra dentro de…