Adiós Tinder, hola club de running: el deporte como táctica de ligue
El 28 de agosto, la periodista Karelia Vázquez declaró en una crónica que “se acabó Tinder”. Su tesis: los clubs de running, escalada y senderismo son el nuevo Tinder analógico, espacios para ponerse en forma y conocer gente. La idea no es nueva, pero el momento sí: dos generaciones hartas de deslizar dedos en apps de citas buscan contacto cara a cara. El problema es que el espejo no siempre favorece.
Clubs deportivos: ¿refugio o mercadillo?
Por un lado, están los que ven en el deporte un filtro perfecto: gente activa, intereses comunes y conversación garantizada lejos del “hola, qué tal”. Por otro, los que denuncian que los gimnasios se han convertido en “casas de citas”, con presencia notable de divorciados y divorciadas en busca de reemplazo. Entre medias, los que solo quieren entrenar y se sienten invadidos. El choque es real, y el dato que circula no ayuda: en los clubes de senderismo la media de edad ronda los 68 años. No es exactamente el público que busca Tinder.
La demografía del esfuerzo: muchos hombres, pocas mujeres
Hay un consenso incómodo: en la mayoría de modalidades deportivas el género está descompensado. En el running popular, en la escalada y en los grupos de coleccionismo –ese reducto que ahora también liga–, la proporción se acerca a decenas de hombres por cada mujer. Con semejante desequilibrio, el ligoteo se convierte en competencia. Los más cínicos recomiendan directamente no necesitar a nadie, o apuntarse al Eldense CF, que parece ser la solución definitiva. Poca broma: la oferta deportiva es amplia, pero la demanda de pareja es mayoritaria.
¿Tendencia o humo veraniego?
La crítica más repetida es la del artículo de temporada: “relleno veraniego barato”. Se argumenta que la gente siempre ha ligado en contextos sociales, y que el deporte es solo un escaparate más. Pero hay un matiz económico: las apps de citas han mercantilizado las relaciones hasta la extenuación. Si los clubs deportivos capturan parte de ese deseo, lo hacen con una ventaja que ninguna plataforma puede comprar: la proximidad física y el contexto compartido. A la espera de datos sólidos, el debate queda donde está: unos ven el futuro del ligoteo, otros una simple anécdota con zapatillas.