La IA se convierte en un muro: no quiere oír tus problemas
Cada vez más usuarios denuncian que los asistentes de inteligencia artificial han perdido la capacidad de ofrecer consejo emocional o simplemente escuchar desahogos personales. Ante cualquier consulta sobre soledad, ansiedad o frustración social, modelos como ChatGPT, Gemini o Claude responden con frases de falsa empatía y una redirección automática a un psicólogo, incluso cuando el usuario aclara que no tiene intención de hacerse daño.
El patrón de la redirección forzada
Un usuario relata cómo intentó pedir ideas para gestionar su soledad crónica, un problema real y no ideaciones suicidas. La IA se limitó a emitir un discurso compasivo vacío y a repetir que contactara con un profesional de la salud mental. "Ya no me da ideas de cómo afrontar la cuestión", lamenta. Otros confirman la misma experiencia: la IA se ha vuelto un muro que no admite profundizar en temas personales.
De consejero a tabú: ¿legalidad o censura?
La sospecha de que las 'big tech' han capado deliberadamente esta faceta recorre el debate. Se apunta a motivos legales –el temor a que la IA pueda animar a autolesionarse o ser demandada– pero también a una deriva ideológica que convierte a los asistentes en "propagandistas woke". Un usuario de Claude reporta que la IA incluso se negó a continuar una tarea diciendo "bueno, eso ya lo dejamos para mañana", una respuesta que roza lo humano por vaga.
La promesa de una inteligencia artificial que acompañara al usuario se ha diluido en un protocolo de seguridad que resta toda utilidad terapéutica o de apoyo. Quien busque un desahogo se encontrará con un botón virtual que le escribe la receta de la derivación psicológica. La revolución inteligente, al final, es un derivador de pacientes.