El ácido acético posee potentes propiedades antifúngicas que inhiben la germinación de esporas y el crecimiento de hongos, actuando principalmente al reducir el pH del entorno y alterar la función celular mediante la acción de iones de hidrógeno y acetato libre.
A una concentración tan baja como el 0,3%, el ácido acético diluido es eficaz para tratar infecciones fúngicas perniciosas, incluyendo casos de mucormicosis, y se utiliza en preparaciones aprobadas para la candidiasis bucal y hongos en las uñas. Su efectividad radica en que crea un ambiente ácido inhóspito donde los hongos no pueden proliferar, lo que lo convierte en un tratamiento económico y accesible para infecciones de la piel y heridas infectadas.
Mecanismo de acción: Alteración del pH intracelular y daño a las membranas celulares de los hongos.
Concentraciones terapéuticas: Generalmente entre 0,25% y 5%, dependiendo de la aplicación específica.
Aplicaciones clínicas: Tratamiento de otitis externa, vaginitis, impétigo, verrugas y como antiséptico en heridas por quemaduras.
Eficacia comparativa: Resulta efectivo contra hongos que no responden a otros ácidos como el láctico o clorhídrico.