Retirarse con 25.000€: la cuenta que no sale
¿Se puede uno retirar con 25.000 euros? La pregunta, planteada sin rodeos, tiene una respuesta corta: no. La respuesta larga ocupa cientos de mensajes y varios cálculos. El punto de partida es una tesis concreta: meter 25.000 euros en un fondo de small caps, asumir un 20% anual sostenido y, a cinco años, tener más de 62.000 euros. De ahí saldrían, según ese mismo cálculo, más de 12.000 euros al año. Suficiente para vivir, dice quien lo plantea, sin contar impuestos ni comisiones.
El problema es que ese 20% anual no es una hipótesis conservadora. Es, directamente, una anomalía estadística. Y el resto de la aritmética tampoco aguanta el primer envite.
El 20% anual que nadie sostiene
La primera objeción que aparece es la más obvia: un 20% anual durante cinco años seguidos está al alcance de muy pocos. La referencia que se cita en la conversación es el
MSCI World Small Cap, con una rentabilidad anualizada desde el año 2000 de un
10,24%. Y si se mide desde 1994, el rendimiento anualizado baja al
8,56%. Es decir, la mitad de lo que se pretende.
Hay quien sostiene que un fondo limitado a 80 millones de euros, centrado en small caps, puede mantener esa rentabilidad. El argumento tiene su lógica: menos capital bajo gestión, más agilidad. Pero la evidencia empírica no acompaña. El fondo en cuestión lleva poco más de un año funcionando, un plazo que no permite extraer ninguna conclusión seria. Y su hermano mayor, el fondo original, presenta a cinco años unos resultados casi calcados al S&P 500.
La comparación con gestores concretos tampoco ayuda. Se menciona a un gestor que este año lleva un 40%, y de ahí se extrapola una media del 20%. Eso es confundir un dato puntual con una tendencia estructural. Cualquiera que haya mirado una serie histórica larga sabe que los años buenos y los malos se compensan, y que la media resultante rara vez supera el dígito alto.
¿Cuánto se puede sacar de 25.000 euros al año?
Aquí es donde la cuenta se desmorona del todo. Si se aplica un rendimiento realista, del orden del
5% anual, los 25.000 euros generan entre
1.500 y 1.600 euros al año. Eso son unos
4 euros al día. Con eso se compra una barra de pan, una botella de agua y poco más. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien no haya hecho nunca el ejercicio.
Y eso sin contar con las comisiones del fondo, que en el medio y largo plazo pesan de forma significativa: comisión de entrada, de salida, de gestión anual, costes de compraventa de valores. Tampoco se ha tenido en cuenta el hachazo fiscal. En España, los primeros 6.000 euros de ganancia tributan al 19%, y el tramo que llega hasta 50.000 euros lo hace al 21%. Sobre 12.000 euros de rendimiento, Hacienda se lleva una parte que reduce el neto de forma notable.
La conclusión práctica es sencilla: con 25.000 euros no se vive de las rentas. Ni de lejos. Otra cosa es que sea un buen punto de partida para construir un patrimonio a lo largo de décadas. Eso sí lo reconocen casi todos.
El coste de la vida que no aparece en el cálculo
Hay un factor que el planteamiento inicial ignora por completo: los gastos reales de una vida independiente. Alquiler, comida, ropa, móvil, calefacción, agua, luz, internet, comunidad, impuestos municipales. La lista es larga y la mayoría de esos gastos no desaparecen porque uno tenga 25.000 euros invertidos.
La objeción se plantea con crudeza: ese cálculo solo funciona si alguien más paga la vivienda y la manutención. Es decir, si se vive en casa de los padres. Y aun así, el margen es ridículo.
La regla que se maneja en planificación financiera es que los gastos anuales no superen el
4% del valor del patrimonio. Para sacar 12.000 euros al año con esa regla harían falta
300.000 euros, no 25.000. La diferencia no es un matiz: es un factor de doce.
El largo plazo y la inflación: el enemigo silencioso
Supongamos el escenario más optimista posible. Alguien de 18 años invierte 25.000 euros y los deja crecer hasta los 65. Con un rendimiento anualizado del 8,56%, esos 25.000 se convierten en
1.186.000 euros brutos, o
902.000 netos. Suena bien. Pero en el año 2068, ese dinero tendrá un poder adquisitivo equivalente a unos
60.000 euros de hoy, ajustando por la inflación de los últimos 47 años. Es decir, el equivalente a menos de tres años de salario medio actual.
La inflación es el impuesto silencioso que ningún cálculo de rentabilidad bruta recoge. Y en horizontes de varias décadas, su efecto es devastador.
Qué dicen los que llevan años invirtiendo
Frente al entusiasmo del planteamiento inicial, las respuestas más medidas vienen de quienes llevan tiempo en esto. La idea que se repite es que estos fondos son para
largo plazo, más de cinco años, y que quien no tenga esa paciencia no debería mirarlos. La rentabilidad no es gratis. Meter dinero y esperar un 40% anualizado prorrateado al mes siguiente es un error de concepto.
También hay quien advierte de que el gestor de moda no es una garantía. Los fondos se comercializan para captar clientes y capital, no por altruismo. Y una rentabilidad anualizada consistente del 10% ya es una proeza. Salir corriendo de rendimientos superiores al 20% o 30% es, para muchos, una regla de prudencia básica, porque ninguno de esos supuestos es sostenible.
La recomendación más repetida para quien empieza: indexarse al mundo con la mayor parte del capital y reservar una porción pequeña para experimentos especulativos. Aprender con dinero propio es caro, pero es el curso más efectivo.
La letra pequeña que nadie lee
Más allá de los números, hay un problema de expectativas. Un fondo de small caps puede caer un
30% en un año malo. Eso también pasa, y quien no esté preparado para verlo venderá en el peor momento. La volatilidad no es una hipótesis remota: es la norma.
La conversación deriva hacia el escepticismo cuando se mencionan crisis económicas que arrastran a las small caps, gestores que cambian, fondos que se cierran. La conclusión que se impone es que 25.000 euros no son una
jubilación, sino un punto de partida. Un buen punto de partida, incluso. Pero nada más.
Así que no, no se puede uno retirar con 25.000 euros. A menos que el plan de retiro consista en no necesitar comer todos los días.