La herencia de los boomers, la única puerta abierta para los millennials
¿Y si la solución al problema de vivienda de los millennials no fuera comprar, sino esperar? El planteamiento circula desde hace tiempo y estos días vuelve con fuerza: los jóvenes solo accederán a una vivienda en propiedad cuando fallezcan sus padres, la generación del baby boom que ahora empieza a jubilarse. No es una hipótesis de tertulia. Los datos que maneja el Banco de España dibujan una caída del porcentaje de hogares con propietarios jóvenes de
37 puntos desde 2011, del 69,3% al 31,8%. La vivienda como herencia deja de ser un plan B y se convierte en el plan único.
El desplome de la propiedad joven en cifras
La Encuesta Financiera de las Familias correspondiente a 2022, elaborada por el Banco de España, deja un retrato incómodo. La riqueza media de los hogares cuyo cabeza de familia tiene menos de 35 años ha caído de
27.000 a 20.000 euros anuales. En paralelo, el porcentaje de hogares propietarios de su vivienda principal bajó del 73,9% al 72,1%. La brecha generacional no es un eslogan: es una resta.
El contraste con sus progenitores es brutal. Entre los mayores de 55 años, la propiedad de vivienda supera ampliamente el
80%. Entre los jóvenes, ni uno de cada tres tiene casa propia. Hace una década esa cifra rondaba el 60%. La edad media de acceso a la primera vivienda se ha retrasado hasta los
40 o 45 años, según los mismos datos. La generación mejor preparada de la historia es también la más pobre de las últimas décadas.
La tesis del BBVA: los boomers tendrán que vender
Frente al relato de la herencia como salvación, hay otra lectura que lleva tiempo circulando y que estos días se reivindica como más seria. El presidente del Foro del Instituto BBVA de Pensiones, José Antonio Herce, advirtió de que las pensiones de la Seguridad Social para los baby boomers
«no van a ser suficientes» para llegar a fin de mes y, si no han ahorrado para la vejez, tendrán que vender sus viviendas. En el mismo encuentro, el responsable de Análisis Económico de BBVA Research, Rafael Doménech, coincidió en el diagnóstico.
La conclusión que se extrae de ese análisis invierte el cuento: si los boomers venden para complementar pensiones, la oferta de vivienda crecerá y los precios podrían corregirse. La herencia dejaría de ser el único camino. La pregunta es si esa corrección llegará antes o después de que los millennials cumplan los cincuenta.
¿Qué pasa cuando los boomers fallezcan?
Aquí el consenso se rompe. Una parte del análisis sostiene que la presión demográfica y la caída de la natalidad empujarán a la baja el precio del alquiler y de la vivienda, sobre todo en zonas no tensionadas. Otra corriente avisa de lo contrario: los grandes fondos y las empresas del sector absorberán el mercado del alquiler, expulsarán al pequeño propietario y, una vez con el monopolio, presionarán para obtener la seguridad jurídica que hoy se les niega. El resultado sería una vivienda más barata en propiedad y mucho más cara en alquiler.
El argumento tiene su lógica interna. Las leyes de alquiler actuales, se sostiene, están diseñadas para que el particular venda y el institucional compre. Cuando cuatro multinacionales controlen la oferta, vivir en una habitación compartida será
clase media. No es una predicción halagüeña, pero encaja con la trayectoria de los últimos años.
Herencia sí, pero con hipoteca inversa y hermanos de por medio
Hay un detalle que suele olvidarse en el relato de la herencia salvadora: los boomers no siempre dejan el piso libre de cargas. Las hipotecas inversas y las rentas vitalicias permiten al propietario cobrar una renta mensual a cambio de que el banco se quede la vivienda al fallecer. Si los herederos quieren recuperarla, tendrán que pagar lo entregado más gastos e intereses.
Un buen langosta no deja ni las migajas, resume la estirpe.
A eso se suma el reparto. Pocas familias tuvieron un solo hijo. Cuando toque dividir, las guerras por la herencia pueden complicar lo que sobre el papel parecía una solución. Y no todos los inmuebles valen lo mismo: un piso en una zona tensionada no es lo mismo que un inmueble en un municipio sin demanda. La herencia como plan de vida tiene más agujeros de los que parece.
El riesgo de que la esperanza se convierta en trampa
El dato que cierra el círculo es incómodo: uno de cada cuatro jóvenes en España se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, según el Índice de Capacidades Económicas 2018-2023 del Centro Reina Sofía de la fundación Fad Juventud. En 2023, ese porcentaje alcanzó el
27,3%. Tener un empleo ya no garantiza salir de la precariedad, y menos aún acumular el ahorro necesario para una entrada.
La consecuencia es una dependencia prolongada de los progenitores que algunos ven como una condena y otros como una estrategia racional. Mientras tanto, la pregunta sigue sin respuesta: si la herencia es la única vía, ¿qué pasa con quienes no hereden nada? La respuesta, de momento, la tiene el mercado. Y el mercado no suele tener prisa.