Defensa suprime la estatura mínima para entrar al Ejército
¿Cuánto tiene que medir un soldado español? Según el relato de un forero, hasta la próxima convocatoria la respuesta era 1,55 metros, y la daba una orden ministerial. El Ministerio de Defensa ha puesto en marcha la modificación de la
Orden PCI/6/2019, de 11 de enero, que aprueba el cuadro médico de exclusiones exigible para el ingreso en los centros docentes militares de formación, y con ese cambio desaparece el requisito de estatura mínima para acceder a las Fuerzas Armadas. El departamento que dirige Margarita Robles prevé que la nueva redacción se aplique en los procesos selectivos de este mismo 2023.
El argumento oficial es claro: la estatura mínima ha funcionado históricamente como un obstáculo a la entrada de la mujer en las tropas españolas. El diagnóstico no se discute. Lo que se discute es el motivo real, el momento elegido y lo que ese cambio anuncia.
Qué cambia exactamente en el acceso a las Fuerzas Armadas
La norma que se toca no es un reglamento de instrucción ni un baremo de pruebas físicas. Es el cuadro médico de exclusiones, el listado que decide quién no puede presentarse por motivos de salud o de constitución física. Defensa ha activado su modificación y prevé aplicarla en las próximas convocatorias y procesos selectivos desde este mismo año.
Traducido: la altura deja de ser un filtro de entrada. No cambia la instrucción, no cambia el equipamiento, no cambia el destino. Solo cambia quién puede intentarlo.
El aspirante de 1,545 metros y la lógica del excedente de cupo
El caso que mejor retrata lo que se elimina cabe en una línea, según lo contó un forero: un joven que medía 1,545 metros se quedó fuera por no llegar al 1,55 exigido, con la desilusión correspondiente y una vida laboral entera por delante. La pregunta que sobrevuela es por qué existía ese umbral. La explicación que circula en el hilo tiene que ver con la abundancia, no con la táctica: en tiempos de paz nacían unos 320.000 varones al año y se llegaron a llamar hasta 270.000 para la mili, de modo que sobraba cupo y se podía filtrar por pies planos, por talla o por cualquier otro detalle.
Desde el punto de vista operativo, hay quien sostiene que la estatura nunca fue un problema evidente: un blanco más pequeño es más difícil de acertar, y en espacios cerrados y angostos la envergadura puede jugar en contra. Otro forero planteaba que la distinción útil está en el tipo de cuerpo: en una unidad de combate la talla importa poco, mientras que en el cuerpo a cuerpo de una policía o de una unidad de seguridad la fuerza física y las técnicas de reducción sí condicionan el servicio. Es la diferencia entre llevar un fusil y reducir a alguien.
Los sueldos que explican por qué la tropa no repite
Hay un dato incómodo que aparece en cuanto alguien cuenta su paso por filas: según el relato de un forero, dos compromisos de año y medio en una unidad de élite, 80.000 pesetas al mes, menos de lo que sacaba un camarero o un albañil, y a los diez años, a la calle. La salida natural era la academia de suboficiales o la Guardia Civil, con
una vacante por cada 100 soldados, siempre según su relato. Una escala de sueldos difundida en el hilo sitúa la base así:
- Teniente: 30.082 euros
- Capitán: 33.623 euros
- Comandante: 36.534 euros
- Coronel: 41.697 euros
- General: 59.387 euros
El problema de captación no empezó con la estatura y no se arregla con ella. Un ejército que pierde a su tropa a los diez años y que paga menos que el sector servicios no necesita medir a los candidatos. Necesita que quieran quedarse.
Ejército profesional contra leva: lo que Ucrania ha puesto sobre la mesa
Aquí la conversación se sale del metro de pared y entra en terreno incómodo. Un forero sostiene que la guerra de Ucrania está dejando a la vista las costuras de los ejércitos profesionales, diseñados para campañas cortas e intervenciones lejanas, y sitúa el punto de inflexión histórico en Vietnam: un ejército de reemplazo no sirve para ese tipo de guerra, y uno profesional no siempre tiene masa para una guerra de desgaste. El precedente clásico que maneja es 1871, con Francia disponiendo de un ejército profesional bien entrenado pero más pequeño que el prusiano, sostenido sobre tres años de servicio militar obligatorio.
En su lista, Rusia, Irán, China, Argelia e Israel mantienen modelos de reclutamiento con capacidad de movilización varias veces superior. Y al otro lado del Atlántico ya se escuchan voces que sostienen que Estados Unidos necesitaría volver al servicio militar obligatorio para sostener un conflicto con China, porque su ejército es demasiado pequeño para esa guerra y demasiado grande para no consumir recursos. El marco encaja demasiado bien con la pregunta de por qué un país europeo decide, de pronto, que le sobra un filtro de entrada.
¿Se prepara España para una movilización forzosa?
De ahí al salto conspirativo hay un paso, y la discusión lo da. Una parte sostiene que la supresión de la estatura no busca ampliar el reclutamiento femenino, sino engordar unas filas que se pretenden usar en un escenario que no se nombra. Otra corriente pone el foco en el perfil demográfico y afirma que la tropa se nutrirá de población de origen migrante, premisa que no sostiene ningún dato del anuncio y que se apoya en generalizaciones sobre colectivos enteros. Y otra línea apunta a que si algún día llega una movilización ya no valdrá escudarse en la talla.
Encima de la mesa hay también un aviso con nombre: el ex jefe de Estado Mayor de la Defensa Fernando Alejandre advierte en un libro reciente de que Marruecos supone una amenaza seria para España y de que la cosa irá mutando hacia un conflicto convencional. La frase da munición a quien lee el cambio normativo como el primer movimiento de algo más grande.
Puede que todo sea más simple: un filtro absurdo que se cae tarde y una tropa que no llega a fin de mes. Pero si el problema era de verdad el metro de pared, alguien tendrá que explicar por qué el anuncio llega justo cuando vuelve a hablarse de movilizaciones.